abuelos tóxicos
Cómo lidiar con los abuelos tóxicos ¡con éxito!

FECHA

Hoy voy a meterme de lleno en un tema delicado, que quizás me traiga algunos dolores de cabeza y con el que no todo el mundo estará de acuerdo. Me gustaría hablar sobre personas tóxicas y más en concreto, abuelos tóxicos.

Cuando vemos esas rayitas que nos indican que un nuevo ser llegará a nuestras vidas en unos meses, todo es ilusión, alegría y pensamientos positivos.

Nos imaginamos mil situaciones en las que nos vemos disfrutando con nuestros hijos, tiernas imágenes de los abuelos con sus nietos leyendo un cuento, contando historias, jugando a las cartas…

Pero una vez llegado el momento, puede que nos encontremos ante una situación bastante diferente a esa que habíamos imaginado y puede que la relación con los abuelos no sea tan idílica.

Nos pilla por sorpresa, sin saber cómo afrontarlo, sin recursos y sin información -de la buena- que nos hace afrontar la situación de una forma no del todo respetuosa y alentadora.

En el mejor de los casos, acabamos alejándonos de los abuelos y temiendo las fechas señaladas en las que tenemos que reencontrarnos con ellos, porque en el peor, tienes que convivir con el malestar constante en un día a día cargado de conflictos, malas palabras, acusaciones, quejas y juicios.

Con este post me gustaría abrirte los ojos, darte un punto de vista diferente y recursos para afrontar estas situaciones desde el respeto mutuo y sobre todo, desde la calma. ¿Empezamos?

El origen de un abuelo tóxico

No me gusta mucho la expresión de “abuelo tóxico” porque cubre el tema de un aura muy negativa, pero necesito utilizarla para que nos entendamos.

Partimos de la base de que tanto abuelos como padres queremos lo mejor para nuestros niños, el problema radica en la falta de información y recursos, además de que los abuelos afrontan esta nueva etapa con los automatismos y patrones interiorizados a lo largo de sus vidas.

Un abuelo o abuela se convierte en tóxico al intentar hacer eso que no le permitieron hacer como padres.

Antiguamente las cosas eran muy diferentes a como son hoy en día. Se tenía muchísima menos libertad, mucha menos información, se atendía mucho al “hay que hacerlo así porque es como se ha hecho siempre y es lo correcto”, así que todo lo que decían sus madres y abuelas “iba a misa”.

Estaban tan centrados en educar correctamente a sus hijos, en las obligaciones, en el qué dirán, en crear esa relación vertical desde el autoritarismo, que se olvidaban de lo realmente importante, el disfrutar de y con sus hijos.

“Lo vivieron todo con tanto miedo, que ahora necesitan desquitarse con sus nietos, llegando incluso al punto de no permitir

que sus hijos disfruten de sus propios hijos”.

No creo que los abuelos lo hagan porque no quieran a sus nietos, pero al final, siempre acabamos repitiendo patrones. 

Queda mucho camino por recorrer, tenemos mucho que aprender aún, y si ya es difícil que las personas más jóvenes dejen el autoritarismo y los mitos sobre la crianza a un lado, imagínate una persona con más edad como son los abuelos.

En la mayoría de ocasiones, si dejamos de lado el “esto no lo hagas así”, “nosotros queremos hacerlo de otra forma que es mejor”, “estás perjudicando al niño”… y nos paramos a explicar el por qué de las cosas, las consecuencias negativas para los niños o lo positivo que son estos pequeños cambios, seguro que conseguimos mejores resultados, más consciencia y que reflexionen un poquito antes de volver a hacerlo, o no, pero lo habremos intentado y al menos, tendremos mucha más calma interior.

Los límites siempre son necesarios

La expresión “los padres están para educar y los abuelos para consentir” sigue haciendo mucho daño en nuestros días.

Aún con los buenos deseos con los que pueden actuar los abuelos, los límites siempre son necesarios.

El límite no te hace peor abuelo, ni hará que te quieran menos. Los límites aportan seguridad y nos permiten vivir en armonía, respetando a todos los miembros de la familia.

Tenemos derecho a equivocarnos, a permitir, a limitar, a educar como nosotros creamos que es mejor para nuestros hijos, y si alguien no lo entiende o no lo quiere entender, se lo comunicamos de forma positiva, sin reproches, sin juicios, pero marcando con claridad y sencillez cuáles son esos límites infranqueables y ante los que no estamos dispuestos a ceder. 

Al final, todo lo que sabemos sobre cómo gestionar los límites y normas con los niños, lo podemos aplicar al resto de parcelas de nuestra vida. Lo importante es que tengas claro tus límites y muestres seguridad a la hora de comunicarlos para conseguir hacerlo de forma eficaz. 

La empatía, tu mayor aliada

Soy consciente de que no voy a pedirte algo fácil, sé que hay personas con las que resulta realmente complicado ser empática, pero debes intentarlo.

En esos momentos también estás siendo ejemplo para tus hijos, por lo que con tu forma de actuar ante estas situaciones, les ofreces un gran aprendizaje y les ayudas a desarrollar su empatía.

Solo por eso, merece la pena hacer el esfuerzo, ¿no crees?

Debemos partir de la base de que los abuelos -en la mayoría de situaciones- no actúan de forma malintencionada e intentan ayudar desde el desconocimiento de que en realidad, hacen lo contrario.

Debemos dejar de estar a la defensiva y dejar de pensar que con sus consejos buscan desafiarnos y llevarnos la contraria. 

Al igual que tú estás aprendiendo a ser mamá, ellos están aprendiendo a ser abuelos, están adaptándose a este nuevo rol y también lo hacen con su mochila de experiencias y vivencias pasadas, pero con mucha ilusión y entusiasmo, que en ocasiones, les juega malas pasadas.

Mochila cargada de culpa acumulada a lo largo de los años, por casi todo, y con ese boli rojo para señalar todos los errores que cometieron en sus vidas.

Emociones que se quedan ahí escondidas, que creemos tener superadas y al final, salen a la luz al convertirnos en papá, en mamá o abuelo y abuela, una inseguridad de la que seguramente no sean conscientes y les hace actuar de esa forma que nos pone un poquito de los nervios.

Estamos cuestionando su forma de educar

En cierta manera es así, durante toda su maternidad o paternidad también sintieron todos esos miedos e inseguridades que hoy en día tienes tú en relación con la crianza de tus hijos.

“Lo hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían”.

Hace años había muchas creencias incuestionables que ahora afrontamos de una forma totalmente diferente y en este sentido, pueden sentirse atacados por haber hecho mal las cosas.

La generación de nuestros padres y abuelos respetaba por encima de todo lealtades familiares, valores que llegaban a ser una condena para muchos de ellos y ante los que no podían imponerse porque era la forma de respetar todo lo que hicieron sus antecesores por ellos y ahora, nosotros los estamos cuestionando.

Podría seguir hablando largo y tendido sobre este tema, porque es un tema en el que me apasiona profundizar, pero hasta aquí el artículo de hoy. Espero que te sirva para ver desde otro punto de vista a esos abuelos que en más de una ocasión no terminas de comprender y por los que te sientes un poquito atacada y que te sirva de guía y aliento para empezar a cambiar la relación con ellos.

Me encantaría que me dejases en comentarios tus primeras impresiones sobre el tema, si te ha gustado, si te ha hecho reflexionar y si estás dispuesta a poner de tu parte para mejorar la relación con los abuelos. ¿Tienes alguna duda? ¿Te gustaría que escribiese nuevos artículos sobre este tema? Déjamelo todo en los comentarios, me tienes aquí, al otro lado.

Un abrazo y gracias por estar aquí,

Photo by Johnny Cohen on Unsplash

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