«¿Hay que poner límites a los niños?». Es una de las preguntas que más nos llegan. Algunas familias temen ser demasiado duras, como lo fueron con ellas. Otras temen que sus hijos se conviertan en niños que no respetan nada. Y casi todas se mueven entre dos extremos: el «porque lo digo yo» y el «que haga lo que quiera».
Nuestra respuesta es clara: sí, los niños necesitan normas y límites. Pocos, claros, explicados y para todos. Y la clave para entenderlo está en una diferencia que conviene tener muy presente: la que hay entre libertad y libertinaje.
Libertad y libertinaje: ¿cuál es la diferencia?
Según el Diccionario de la Real Academia Española:
- Libertad es la «facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos».
- Libertinaje es el «desenfreno en las obras o en las palabras».
La diferencia está en una palabra: responsabilidad. La libertad va siempre unida a la responsabilidad y al respeto por los demás. El libertinaje es hacer lo que uno quiere, cuando quiere y como quiere, sin pensar en las consecuencias ni en las personas que tiene alrededor.
| Libertad | Libertinaje |
|---|---|
| Elijo y me hago responsable de lo que elijo | Hago lo que quiero sin pensar en las consecuencias |
| Tengo en cuenta a los demás | Solo cuenta lo que yo quiero |
| Respeta unas normas de convivencia | No reconoce ninguna norma |
| Se aprende poco a poco, practicando | Aparece cuando nadie acompaña ni pone límites |
«Ser libre no es solo deshacerse de las cadenas de uno, sino vivir de una forma que respete y mejore la libertad de los demás». Nelson Mandela
¿Y esto qué tiene que ver con educar a nuestros hijos?
Muchísimo. Cuando hablamos de educar en libertad, hay quien entiende «dejar hacer». Pero educar en libertad no es eso. Es dejar que nuestros hijos elijan, se equivoquen y aprendan de las consecuencias, dentro de un marco seguro que ponemos los adultos.
Un niño que crece sin ningún límite no es más libre: está más solo. Tiene que decidir cosas para las que todavía no está preparado y no aprende a tener en cuenta a los demás. Y un niño que crece con demasiados límites, impuestos sin explicación, aprende a obedecer o a rebelarse, pero no a pensar por sí mismo.
Por qué los niños necesitan normas y límites
Siempre decimos que el primer límite es nuestra propia piel. Los límites forman parte de la vida: en la familia, en el colegio, en el trabajo, en la carretera. Y son buenos para los niños porque:
- les dan seguridad: saben qué pueden esperar y qué se espera de ellos;
- les protegen de lo que todavía no pueden valorar solos, como un enchufe o una carretera;
- les enseñan a convivir: sus necesidades importan, pero las de los demás también;
- les ayudan a tolerar la frustración, algo que necesitarán toda la vida;
- les enseñan a poner sus propios límites: a decir «no» cuando algo no les parece bien.
Respetar a nuestros hijos no puede ser a costa de faltar al respeto a otras personas. Y respetar a los demás no puede ser a costa de faltarles al respeto a ellos.
Normas y límites para todos
Las normas de casa no son solo para los niños. Son para toda la familia. Si la norma es que no hay pantallas durante la comida, tampoco hay móvil para los adultos. Lo que nosotros no somos capaces de cumplir, difícilmente lo cumplirán ellos.
Y cuanto más mayores son, más pueden participar en decidirlas. Una norma pactada se cumple mucho más que una norma impuesta. Las reuniones familiares son un buen momento para hablarlo.
¿Cuántos límites hay que poner?
Pocos y claros. Cada familia tiene que pensar cuáles son los suyos, pero os proponemos distinguir dos tipos:
- Innegociables: los que tienen que ver con la seguridad, la salud y el respeto. Ir sujeto en la silla del coche, lavarse los dientes, no hacer daño a nadie. Aquí no hay elección, pero sí explicación y acompañamiento.
- Negociables: todo lo demás. Qué cuento leemos, qué fruta merienda, qué ropa se pone. Aquí podemos escuchar, ofrecer opciones y ser flexibles.
Si todo es innegociable, la convivencia se convierte en una lucha constante. Si nada lo es, los niños se sienten perdidos.
Cómo poner límites con respeto: claves prácticas
- Explica el porqué. «Porque lo digo yo» no enseña nada. «En la carretera no se corre porque pasan coches y te pueden hacer daño», sí.
- Ofrece opciones limitadas. Si la norma es merendar fruta: «¿Quieres plátano o manzana?». Respetas el límite y respetas sus gustos.
- Di lo que sí se puede hacer. En lugar de «no saltes en el sofá», «puedes saltar en el colchón del suelo».
- Menos órdenes, más preguntas. «¿Qué nos falta para salir?» funciona mucho mejor que diez órdenes seguidas.
- Anticipa. Explica las normas antes de llegar al parque, a casa de los abuelos o al restaurante, no cuando ya ha pasado.
- Usa el juego. Recoger cantando o hacer una carrera hasta el baño consigue más que un sermón.
- Sé firme y amable a la vez. Puedes mantener el límite y, al mismo tiempo, acompañar su enfado: «Entiendo que te enfade irte del parque. Nos vamos igual. ¿Quieres que te lleve de la mano o vas tú solo?».
- Recuerda que están aprendiendo. Se van a saltar los límites, igual que los adultos nos saltamos a veces el límite de velocidad. No es un desafío: es parte del aprendizaje. Toca recordar, con calma, las veces que haga falta.
Os contamos más en Límites sin castigos: 5 claves para poner normas que tus hijos respeten y en Cómo decir no a tus hijos sin culpa y sin gritos.
Ni autoritarismo ni permisividad
Educar con respeto no es ser permisivo. Es encontrar el equilibrio entre la firmeza y el cariño. Si sentís que en casa os habéis ido a un extremo o al otro, os ayudarán:
- Ni autoritarismo ni permisividad, ¿qué puedo hacer?
- Educar sin gritos no es ser permisivo
- Niños sin límites: cuando la crianza respetuosa se convierte en permisividad
También con la familia
Poner límites no es solo cosa de nuestros hijos. A veces también tenemos que ponerlos a los abuelos, a los tíos o a quien opina sobre cómo educamos. Y cuando lo hacemos con respeto y firmeza, estamos enseñando a nuestros hijos a hacerlo también. Os contamos cómo en Abuelos tóxicos: cómo poner límites sin romper la familia.
Para aprender necesitamos tiempo
Para aprender a vivir con normas, nuestros hijos necesitan tiempo, paciencia y mucho cariño. Y nosotros, coherencia. No se trata de hacerlo perfecto, sino de ir dando pasos.
Si queréis saber qué necesita ahora mismo vuestra familia, haced nuestro Test Familiar: son solo dos minutos.


