«Cuando mi hijo llora, tiene una rabieta o algo le duele, siempre se calma con el pecho. Cuando lo destete, ¿cómo lo voy a hacer?».
Es una de las dudas que más nos llegan de madres que dan o han dado lactancia materna. Y es muy comprensible: el pecho no es solo alimento, es también consuelo, calma, refugio. Durante meses, o años, ha sido el comodín que lo arreglaba casi todo: un golpe, un enfado, el sueño, una rabieta.
Por eso, cuando llega el destete, muchas familias se encuentran con que las rabietas se vuelven más intensas o más frecuentes. No es que algo vaya mal. Es que vuestro hijo ha perdido una de sus principales formas de calmarse y todavía no ha aprendido otras.
Por qué aumentan las rabietas tras el destete
- Ha perdido su forma de calmarse. Hasta ahora, ante cualquier malestar, el pecho le devolvía la calma en segundos. Ahora tiene que aprender otros caminos, y eso lleva tiempo.
- No entiende el cambio. Un niño de dos años ha tenido muy pocas experiencias. Solo sabe que mamá siempre le daba algo y ahora no se lo da. No puede comprender por qué, y de ahí nacen la frustración y el enfado.
- Coincide con la edad de las rabietas. Muchos destetes ocurren entre el año y los tres años, justo cuando las rabietas aparecen por pura maduración. Las dos cosas se suman.
- Hay un duelo. Para el niño, y también para la madre. Es el final de una etapa muy íntima, y es normal que haya tristeza por las dos partes.
La clave: conectar, validar, canalizar
Los niños no se portan mal porque sí. Detrás de cada rabieta hay una necesidad o un malestar. Tras el destete, nuestro trabajo es ayudarle a encontrar nuevas formas de volver a la calma, y para eso os proponemos tres pasos:
- Conectar. Acercaos, poneos a su altura, miradle. Antes de corregir nada, que sienta que estáis con él. Os lo contamos en Primero conecta, luego corrige.
- Validar la emoción. «Estás muy enfadado. Echas de menos la teta. Lo entiendo». Ponerle palabras le ayuda a entender lo que le pasa, y a sentirse comprendido.
- Canalizar. Ofrecedle otra forma de calmarse: un abrazo largo, mecerle, una canción, respirar juntos, su peluche.
Otras formas de consuelo que podéis empezar a ofrecer
Lo ideal es ir introduciéndolas antes y durante el destete, para que no lleguen de golpe:
- Contacto físico. Abrazos, porteo, mecerle en brazos, piel con piel. El cuerpo sigue siendo su gran fuente de calma.
- Un objeto de apego. Un peluche, una mantita o una gasa que huela a mamá.
- Una canción o un ritual. Siempre la misma canción para dormir o para calmarse. La repetición da seguridad.
- El otro progenitor. Que papá, la otra mamá o la persona que cuide asuma más momentos de consuelo, sobre todo los de dormir, ayuda mucho en las primeras semanas.
- Algo de beber. Agua o leche en vaso en los despertares en los que antes pedía pecho.
- Mucho tiempo juntos. El destete no es el final del vínculo. Más ratos de juego, de cuento y de mimos le dicen: «Mamá sigue aquí».
Si os preocupa cómo afectará el destete a vuestra relación, os puede ayudar ¿Se pierde el vínculo con nuestros hijos tras el destete?.
Un ejemplo de todos los días: la cola del supermercado
Estáis haciendo la compra. Durante media hora, habéis metido en el carro todo lo que habéis querido. Al llegar a la caja, justo a la altura de sus ojos, están las chuches. Las pide, le decís que no y llega la rabieta. Desde su lógica de dos años, tiene sentido: «¿Por qué todo lo demás sí y esto no?».
Antes del destete, quizá lo habríais resuelto dándole el pecho. Ahora toca otro camino:
- Anticipad: «Hoy no vamos a comprar chuches. Puedes ayudarme a poner la compra en la cinta».
- Si llega la rabieta, validad: «Te encantan, ya lo sé. Te enfada mucho que te diga que no».
- Mantened el límite con cariño y quedaos cerca hasta que se calme.
Los límites también dan seguridad
No pasa nada por poner límites. Al contrario: las normas claras y previsibles dan seguridad a los niños. Lo que marca la diferencia es cómo las ponemos. Es mucho más fácil acompañar a un niño que se siente mirado y comprendido que a uno que escucha «te pones muy feo cuando lloras» o «eres un caprichoso». Os lo contamos en La importancia de las normas y los límites.
Lo que conviene evitar
- Destetar de golpe si podéis evitarlo. Un destete gradual, quitando primero las tomas que menos le importan y dejando para el final las de dormir, suele ser más llevadero para los dos.
- Hacerlo coincidir con otros grandes cambios, como la llegada de un hermano, el inicio de la escuela infantil o una mudanza.
- Engañarle (pintarse el pecho, decir que «la teta está rota»). Es más respetuoso, y suele funcionar mejor, explicarle con palabras sencillas que la teta se ha terminado y que seguís ahí para él.
- Avergonzarle por pedirla: «Ya eres mayor para eso».
- Contagiarse de su enfado. Cuanto más tranquilos estéis, antes se calmará.
La Asociación Española de Pediatría recuerda que no hay una edad a partir de la cual haya que destetar: la lactancia puede continuar hasta que la madre o el niño lo deseen. Tenéis más información en ¿Hasta cuándo es bueno que mame mi hijo?.
Esto también pasará
Cada etapa tiene sus retos y, como los cólicos o las malas noches, esto también pasará. Lo que queda es lo que construís ahora: la seguridad de que, con teta o sin ella, mamá y papá siguen ahí para calmarle.
Si las rabietas os están costando más de lo que esperabais, aquí tenéis Todo lo que necesitas saber sobre las rabietas. Y si queréis saber por dónde empezar, haced nuestro Test Familiar: en dos minutos sabréis qué necesita vuestra familia ahora mismo.
Un abrazo,


