Familia en una reunión familiar

Reuniones familiares: qué son y cómo organizarlas con niños (paso a paso)

FECHA

En todas las casas hay conflictos: peleas entre hermanos, desacuerdos sobre las pantallas, tareas que nadie quiere hacer. No se trata de evitarlos, sino de tener herramientas para resolverlos. Y una de las que mejor funciona son las reuniones familiares.

Es una herramienta de la Disciplina Positiva que usamos en casa y con muchísimas familias. En este post os contamos qué son, cómo organizarlas paso a paso y qué hacer para que funcionen.

¿Qué son las reuniones familiares?

Una reunión familiar es un rato fijo, normalmente una vez a la semana, en el que toda la familia se sienta a hablar: para agradecer, para resolver los problemas de la semana y para organizar lo que viene.

No es un juicio ni un momento para echarse cosas en cara. Es un espacio de escucha y de búsqueda de soluciones, en el que todos, también los niños, pueden opinar y ser escuchados.

Qué aprenden los niños en las reuniones familiares

  • Escuchar y esperar su turno.
  • Expresar lo que sienten y lo que necesitan con palabras.
  • Ponerse en el lugar de los demás.
  • Buscar soluciones en lugar de culpables.
  • Llegar a acuerdos y cumplirlos.
  • Ver el error como una oportunidad para aprender.

Y aprenden algo muy importante: que su opinión cuenta en su familia.

Cómo organizar una reunión familiar paso a paso

Antes de la reunión

  • Elegid un día y una hora fijos. Por ejemplo, el domingo después de merendar. Que sea un momento tranquilo, sin prisas.
  • Poned un papel en la nevera, la «agenda familiar». Durante la semana, cualquiera puede apuntar un problema que quiera tratar. Los que todavía no escriben pueden pedir a alguien que lo apunte o hacer un dibujo.
  • Tened un cuaderno para anotar los acuerdos.

Durante la reunión

  1. Agradecimientos. Se empieza siempre dando las gracias: «Gracias, Lucía, por ayudarme a poner la mesa». Esto crea un clima bonito desde el principio.
  2. Revisar los acuerdos de la semana anterior. ¿Han funcionado? ¿Hay que cambiar algo?
  3. Los temas de la agenda. Se lee cada tema, quien lo ha escrito lo explica y entre todos se proponen soluciones. Todas las ideas valen al principio, incluso las más locas. Después, se elige una que sea respetuosa para todos y se prueba durante una semana.
  4. Planes para la semana. Actividades, excursiones, quién hace qué.
  5. Un final divertido. Un juego corto, un bizcocho, una merienda especial. Es lo que hará que los niños quieran que llegue la siguiente reunión.

Los papeles

Al principio, los adultos moderan. Más adelante, los niños pueden ser presidentes (dan la palabra y cuidan el tiempo) y secretarios (apuntan los acuerdos). Les encanta. Y los papeles pueden ir rotando cada semana.

Un ejemplo de reunión familiar

Agradecimientos. Mamá le da las gracias a Pablo por recoger los juguetes sin que se lo pidieran. Pablo, a papá por jugar al fútbol con él.

Tema de la agenda: «Nos peleamos por la tablet» (lo apuntó Marta).

Ideas: cada uno un día; un reloj de arena; jugar juntos; no usarla nunca; usarla solo el fin de semana.

Acuerdo: la tablet se usa el sábado y el domingo por la mañana, media hora cada uno, con un reloj. Lo probamos una semana y lo revisamos en la próxima reunión.

Final: partida de cartas y chocolate caliente.

¿A partir de qué edad?

Los niños pequeños pueden estar presentes desde muy pronto, aunque solo participen en los agradecimientos o en el juego del final. Hacia los 4 o 5 años ya suelen poder participar de verdad, proponiendo ideas. Los adolescentes también pueden participar, y mucho: es un buen espacio para que se sientan escuchados.

Cuánto tiempo debe durar

Poco. Con niños pequeños, entre 10 y 20 minutos es suficiente. Nunca más de una hora. Mejor una reunión corta que acabe con ganas de repetir que una larguísima que se haga pesada.

Claves para que funcionen

  • No se juzga a quien habla. Se escucha con respeto.
  • Las decisiones se toman por consenso, no por mayoría. Si no hay acuerdo, el tema se deja para la siguiente semana.
  • No es el momento de regañar. Si un tema calienta demasiado el ambiente, se aplaza.
  • Los acuerdos se revisan. Si una solución no funciona, no pasa nada: se busca otra.
  • Constancia. Si un día falta alguien, la reunión se hace igual. Es un tiempo familiar que hay que cuidar.

¿Y si mis hijos no quieren participar?

Es normal al principio, sobre todo si son mayores. Algunas ideas:

  • empezad con reuniones muy cortas y con un final muy apetecible;
  • dejad que elijan ellos la merienda o el juego;
  • no obliguéis a hablar a nadie: muchas veces empiezan escuchando y acaban participando;
  • dadles un papel: presidente, secretario, encargado del reloj.

Las reuniones familiares fortalecen la familia

Las reuniones familiares no acaban con los conflictos, pero cambian la forma de resolverlos. Se pasa de los gritos y los castigos al diálogo y los acuerdos. Y los niños aprenden algo que les servirá toda la vida: que los problemas se resuelven hablando.

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Imagen de Elisa Molina y Francisco Huerta

Elisa Molina y Francisco Huerta

Fundadores de Educar en Calma. Padres de cinco hijos, docentes en activo y expertos en altas capacidades. Desde 2016 acompañan a familias y docentes con su Método CALMA®, basado en el respeto mutuo, la coherencia y los valores. Ya han acompañado a más de 8.200 familias. Son autores de Dopaminados: cómo gestionar la frustración infantil (Plataforma Editorial) y de Educar en Calma (2ª ed), además de los cuentos infantiles Hermanos, Con un susurro basta (6ª ed) y Cerebro de monito. Presentan el podcast Vamos a contar verdades y colaboran con medios como El País, ABC, La Razón y COPE.

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