¿Tienes un hij@ que muerde? Comprende porqué y cómo acompañar estos momentos

Con frecuencia nos encontramos con situaciones en las que nuestros hijos comienzan a relacionarse con otras criaturas, con otros adultos o incluso con nosotros mismos a través del mordisco.

Este tipo de conductas, así como, las tan temidas rabietas, suelen aparecer en edades muy concretas y dando respuesta a la manifestación de expresar su malestar, disconformidad, o un hecho del que no somos conscientes de su mundo interior. 

Sin embargo, según van adquiriendo una mayor capacidad lingüística, estas acciones van pasando a un segundo plano.

Este tipo de conductas, no solo pueden responder a una conversación que inician desde la propia frustración, si no como una conducta de reacción en el otro. Esto es importante tenerlo en cuenta, ya que sus acciones producen una reacción y esto les otorga un enorme poder.

En función del momento evolutivo en el que se encuentren, el mordisco puede ser utilizado, como canal de su propia frustración o bien como una herramienta que están comenzando a descubrir (suele coincidir cuando comienzan a triturar la comida con la salida de sus dientes).

Y…¿CÓMO SE PUEDEN ATAJAR ESTE TIPO DE CONDUCTAS?

Por un lado, es importantísimo que sepamos que regañar, culpabilizar o enjuiciar, no sólo no valdrá absolutamente de nada, si no que además estaremos generando un conflicto interno en la criatura.

La tolerancia a la frustración es un proceso que vamos aprendiendo y gestionando a lo largo de la vida, y no debemos de olvidar que se encuentran en sus primeros años, por lo tanto aboguemos por no pedir por encima de sus posibilidades.

En estas situaciones es esencial que mostremos una actitud empática y cercana. También es importante que mostremos nuestra desaprobación ante esa conducta, pero es fundamental hacerlo de forma calmada y explicando las consecuencias de sus acciones. “esto hace daño, me ha dolido…”

Mostrarnos comprensivas con su emoción y firmes marcando un límite, esto no puede ocurrir ya que... “los dientes son para masticar la comida… si estás enfadado puedes….” En todo este proceso siempre es fundamental ofrecerles una alternativa.

Cuando hablamos de infancia, o de conductas en esta etapa, es muy común escuchar hablar sobre ignorar conductas para que no se repitan. En cambio, si tenemos una actitud así, probablemente estas manifestaciones vayan incrementándose. Somos el modelo de los más pequeños, por lo que ante sus llamadas de auxilio y primer contacto con lo que es la gestión de sus emociones, SIEMPRE, debe ser acompañada.

¿QUÉ TIPO DE CONDUCTAS DE LOS ADULTOS PRODUCEN QUE LOS NIÑOS MUERDAN?

Probablemente me habrás escuchado hablar infinitas veces sobre la importancia del lenguaje. La importancia de cómo nos comunicamos con nuestras criaturas y desde donde establecemos esa comunicación.

Es prácticamente imposible no reproducir patrones que tuvimos en nuestra propia infancia, ya que todo esto está grabado en nuestro inconsciente. Y para ello es esencial tomar consciencia y saber desde donde vives tu maternidad.

Con el lenguaje pasa exactamente lo mismo, reproducimos ciertos mensajes sin saber el mensaje final que le está llegando a la criatura.

Sin darnos cuenta con algunas expresiones, conductas… favorecemos que aparezcan los mordisco. ¿Ya sabes de lo que te hablo?

Bien, te contaré cuales son las frases típicas que se puede escuchar en cualquier entorno familiar:

  •       Te voy a comer a besos… “ ¿Normalmente se come a besos, o se come con los dientes…? Un gran dilema y cuestión…”
  •       Te voy a dar un bocao…. Un mordisco… en el culo…. “Mensaje que percibe la criatura: Un mordisco es un acto de amor y además no soy dueño de mi cuerpo”

Este tipo de transmisiones, como decía son muy comunes, y no ayudan por lo que comienza a evitarlas o eliminarlas directamente del diálogo.

Los mordiscos son una “agresión” muy común, y además produce un gran estrés y preocupación en la familia. Si comienzas a poner el foco en ver el porqué de esa conducta y acompañarla, te puedo asegurar que irá disminuyendo hasta acabar desapareciendo.

En los últimos años he acompañado a muchas familias, y he pasado por cientos de situaciones de mordiscos. Niños y niñas que no sabían relacionarse de otra forma, pero cuando se escarba y se toca la raíz todo comienza a repararse por sí mismo.

¿Te has visto en situaciones de mordiscos? ¿Cómo tolera tu hij@ la frustración? ¿Has detectado que los mordisco son por un “juego así establecido”?

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