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20 Abr 2017

Y cuando no me hace caso, ¿qué tengo que hacer?

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Ésta es la eterna pregunta que llega a mi bandeja de entrada cada semana y, es que es verdad que, a veces, les pedimos cosas a nuestros hijos y no nos hacen caso, a pesar de pedirles las cosas con respeto, con educación, mirando a sus ojos…

A veces, los niños no nos hacen caso, no nos obedecen y eso, como padres, también es importante que aprendamos a gestionarlo, porque es frustrante para nosotros.

Y es que no sé muy bien en qué momento se nos dijo a los padres que nuestros hijos debían obedecernos continuamente y nada más lejos de la realidad. Vamos a analizar un poco esta afirmación.

¿Niños desobedientes?

Cuando los niños son pequeños -bebés- nos hacen encierros caso sin rechistar. Hay que tener en cuenta que comienzan a conocer el mundo que les rodea a través de nuestras palabras, de nuestro acompañamiento, de nuestros gestos y no suelen oponerse a la hora de darles cualquier indicación.

Pero llega un momento en el que el niño quiere tener su propia identidad, su propia autonomía y quiere decidir qué hacer en cada momento.

Entiendo que hay veces que está identidad personal que tiene el niño se puede respetar porque tenemos tiempo, tenemos paciencia, tenemos margen de maniobra, pero ¿qué pasa cuando nos falla alguna de estas cosas? ¿Qué ocurre cuando tenemos que llegar al colegio y nos faltan cinco minutos no se quiere poner el abrigo y tenemos al bebé llorando?

Pues ocurre que nos frustramos y que podemos tener alguna conducta que no sea la más adecuada como modelo de buenas conductas que somos

Lo mejor en estos casos es llevar siempre tiempo a la hora de realizar cualquier actividad con ellos, mostrarnos empáticos, ponernos a su altura, mirarles a los ojos, hablarles y explicarles lo que ocurre… No hay que ser ni autoritarios ni permisivos. Los límites son buenos para los niños, les dan seguridad para saber lo que se puede hacer y lo que no. Y recuerda que todos tenemos límites.

Límites, para todos

Sé que hay familias a las que la palabra límite les chirría porque parece que los niños tienen que tener libertad, tienen que actuar y tener experiencias propias, pero esto no puede ser a costa de todo ni de todos. Por eso es importante que como padres sepamos que hay cosas que nuestros hijos van a poder hacer y cosas que no.

Si no dejaríamos que nuestros hijos se tirasen por la ventana, bebieran lejía o jugaran con cuchillos igual tampoco podemos permitir que hagan otras ciertas cosas. No es positivo que un niño pegue a un animal o tire una piedra hacia las personas por estar enfadado. Todo no vale.

Esto no significa ser súper restrictivo y decir a todo que no; ni tampoco ser súper permisivo y decirle a todo que sí. Habrá cosas que se puedan dialogar con ellos pero sin perder de vista que los responsables de ellos, de su seguridad y su bienestar somos nosotros, los padres.

En mi casa, por ejemplo, vemos una película en familia a la semana. Es verdad que en alguna ocasión nuestro hijo mayor de cuatro años y medio nos ha propuesto ver un capítulo de la Patrulla canina o de Mickey, y siempre le digo lo mismo: “tú propones y nosotros decidimos”.

Si consideramos que no pasa nada porque hoy se vea un capítulo, lo vamos a ver. Pero si consideramos que vamos tarde, que tenemos otras cosas que hacer o que es más divertido que tú estés en el parque jugando, dejaremos el capítulo para otra ocasión. Y no pasa nada, de verdad, por acompañar la frustración de nuestros hijos (no hablo de ignorarlo, hablo de acompañarlos en su frustración)

Pertenencia al hogar, una cuestión a trabajar

También es importante que los niños sientan que pertenecen a sus hogares, que ellos también pueden decidir cosas, que su palabra se tienen cuenta.

Por eso hay que ir poniendo los retos acordes a su edad. No podemos dejar que ellos decidan cosas importantes para su salud.

Por ejemplo, que se cepillen los dientes o no creo que es algo no cuestionable. Es algo que deben de hacer si o si, puesto que la consecuencia natural es tener caries y a mí, personalmente, no me gustaría que sintieran dolor o perdida de alguna pieza dental ni tener que pagar al dentista.

Sin embargo, hay otras decisiones como leer un cuento u otro, o cenar una cosa u otra si hay posibilidad de elegir, que sí que dejamos que los niños participen, que propongan.

No es cuestionable que se peguen mi casa, ya que la violencia no tiene cabida. Así que cuando ocurre algún episodio donde la cosa se está calentando demasiado me acerco a los niños y les explico que no voy a permitir que se hagan daño ni ellos mismos ni al resto de la familia.

Porque, al final, la convivencia consiste en que todos estemos a gusto dentro de unos límites. Y, esos límites, los tenemos que marcar -para todos y dando ejemplo, ya sabéis-.

Los niños los irán respetando. Hay que acompañarlos en el aprendizaje de las normas, empatizar con ellos y, si se los saltan, habrá que volver a repetirlos. Con cariño, con firmeza, con amabilidad y respeto. Poco a poco todo va calando. Confiad en ello.

Hasta aquí el artículo de hoy, espero que se haya gustado

Un abrazo y gracias por estar ahí

2 Responses

  1. Virginia

    Me ha gustado mucho el artículo, y además coincide con nuestra visión de los límites.
    Sin embargo tenía una expectativa distinta tras leer el título del post.
    Pensaba que abordarlas distintos recursos para gestionar situaciones en las que nuestros hijos no están dispuestos a obedecer, y sin embargo es necesario que lo hagan…
    En resumen, buen artículo pero título poco acertado.
    Un abrazo

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