En cuántas ocasiones nos vamos a la cama con la sensación de no haber hecho nada más en casa con los niños que sobrevivir. Sí, es esa sensación que te llena los ojos de lágrimas y te hace pensar que los días se pasan deprisa, que has pegado una voz porque estabas saturada, que no te encuentras al mirarte en el espejo, que te están saliendo arrugas en la cara, que no quieres que los días se pasen así con los niños, que quieres dar tu mejor versión pero… estás tan cansada que hasta te cuesta dormir.

Y sí, llevas razón, quizá estás pasando por un momento con un nivel de exigencia personal o profesional elevado, igual la casa se te está viniendo encima, los niños no están teniendo a la madre que quieres ofrecerle pero basta ya de tanta perfección. Repite conmigo: “tú-eres-una-madre-maravillosa”. Repítelo en voz alta, mirándote en el espejo y, si puedes, recuérdaselo a otra madre que esté cerca de ti. 

Hace unos días estuve en un evento que organizaron Blemil y Madresfera y salí con las pilas cargadas y llena de energía, porque todas necesitamos que nos digan que somos maravillosas. Sabia que no quería faltar porque estaría mi querida Lucía Galán -Lucía, mi pediatra- y mi adorada Carmen Osorio -No soy una drama mamá-. 

Son dos asturianas a las que conozco personalmente, a las que aprecio y con las que he contado en ocasiones diversas en mi lado personal ya sea para preguntarle a Lucia qué son esos puntitos que le han salido a mi niña o para hablar con Carmen, que es la sensatez hecha mujer. 

Lucía fue directa, emotiva y llena de energía

He visto varias charlas de Lucía y siempre me gusta escuchar cómo habla, cómo transmite. 

Creo que lleva razón cuando nos dice que nadie nos enseña a ser padres, que nadie nos habla del post-parto, de lo dura que es la crianza, de la presión que ejercen esas miradas tanto si damos el pecho como si damos el biberón, si hacemos colecho o el método Ferbel… parece que todo el mundo tiene derecho a juzgar nuestros actos como padres.

Y, ¿sabéis una cosa? Lo que pasa en nuestra casa, una vez que cerramos la puerta, es una cosa que nos atañe a nosotros como familia, a nadie más. 

Así que deberíamos poder dejar los juicios de lado y disfrutar de la maternidad, que bastantes retos y desafíos tenemos ya en nuestro día a día. 

Una mesa redonda para aprender y conversar

Antes de comenzar con la mesa redonda tuvimos la presentación de Blemil Plus Optimum una nueva leche de fórmula que presentaba Ordesa, en la que se ha eliminado el aceite de palma y el aceite de coco. A través de las redes sociales me preguntaron si llevaba ácido palmítico, un ácido presente de forma natural en la leche materna y que es fundamental, pero que no es lo mismo que el aceite de palma, que es una grasa. Es interesante saber que la nueva leche sigue llevando ácido palmítico pero, en lugar de proceder de aceite de palma, procede de la grasa láctea. Y creo que es importante que sepamos que se están siguiendo los últimos estudios y las recomendaciones que deben seguirse en alimentación infantil. 

En la mesa redonda escuchamos a Lucía y a Carmen atendiendo a las preguntas sobre maternidad, sobre lactancias, sobre la importancia de tener bienestar para poder criar a nuestros hijos desde la tranquilidad, estando seguras de nosotras mismas.

Seguridad en nosotras mismas, algo clave para criar

Es algo que a veces se nos olvida y es que los juicios nos hacen perder nuestra esencia, tener claro hacia dónde queremos ir y cómo queremos criar a nuestros hijos. 

El embarazo es una etapa muy corta en comparación con todo lo que nos queda siendo padres y madres. Si lo pensamos detenidamente, no es tan necesario un curso de preparación al parto. Al final todos salen de ahí y nosotras empujamos perdiendo vergüenzas y pudores. 

Luego llega el post-parto, una etapa llena de sombras, de miedos, de dudas, de inseguridades… y ahí sí necesitamos apoyo, ayuda, unos brazos que nos sostengan porque todo el mundo quiere sostener al bebé pero ¿quién sostiene a su madre?

Nuevamente se hace hincapié en lo poco adecuadas que son las visitas al hospital y a la casa. Por favor, evitad hacer visitas. La nueva familia necesita tiempo para conocerse, para reconocerse, para acostumbrarse al ritmo caótico de un bebé recién nacido, la mamá necesita tiempo para recuperarse del proceso de parto, física y psicológicamente… 

Y según van creciendo nuestros bebés vamos a tener nuevos retos a los que enfrentarnos: lactancia, nuevos alimentos, dientes, vuelta al trabajo, conciliación, reducciones de jornada -o no-, actividades extra-escolares, cumpleaños de amigos, adolescencia… 

No nos debe faltar nuestra mejor versión y, para ello, necesitamos ser nuestra mejor versión. Debemos tener presente algo que siempre os digo: 

“Nuestros hijos no nos escuchan en muchas ocasiones, pero nos observan todo el tiempo”, así que demos nuestro mejor perfil, no el más perfecto. 

La perfección no existe ni en ellos ni en ti

Sí, es algo en lo que insisto en muchas ocasiones, sobre todo en las asesorías con familias: no somos perfectos, cometemos errores, y no pasa nada. De verdad. 

Nuestros hijos aprenden de sus aciertos mucho, pero mucho más de sus errores. Y viendo como enfocamos nuestros errores, cómo los reparamos o buscamos soluciones, también aprenden, no lo dudéis. 

Y, si en algún momento tenéis dudas, pensad cómo van a recordarnos cuando sean mayores. ¿Preferís que piensen que su madre -o su padre- nunca se cayó, nunca tropezó o nunca fracasó? ¿O preferís que cuando se acuerden de nosotros en situaciones concretas piensen que su madre fue capaz de sobreponerse a la adversidad y salir a flote? 

No queremos hijos perfectos, queremos hijos reales. Así que empecemos por ser madres reales con hijos reales que dejan los juicios a un lado y prefieren aportar, colaborar, contribuir al mundo al que pertenecen cambiando la crítica por la empatía y el amor. 

Y, si alguna noche te vas a la cama pensando que el día no ha sido todo lo bueno que esperabas, hazme caso y repítete a ti misma: “eres-una-madre-maravillosa”, en bajito y felices sueños.

Un abrazo y gracias por estar ahí,

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