Un día, sin saber muy bien por qué, aparece el miedo. A la oscuridad, a los perros, al ruido del aspirador, a los disfraces, a quedarse solo en su habitación. Y nos preguntamos: ¿es normal?, ¿se lo habremos transmitido nosotros?, ¿cómo le ayudamos?
Los miedos forman parte del desarrollo de todos los niños. Son una señal de que su cerebro está creciendo y empieza a darse cuenta de que en el mundo hay cosas que pueden hacer daño. En este post os contamos qué miedos son habituales en cada edad, cómo acompañarlos y qué conviene evitar.
El miedo es necesario
El miedo es una emoción básica que nos protege: nos avisa de un peligro y nos prepara para huir o defendernos. Un niño sin ningún miedo correría muchos más riesgos. El objetivo, por tanto, no es que nuestros hijos no tengan miedo, sino que aprendan a manejarlo y que no les impida vivir.
Miedos infantiles habituales por edades
Según la Asociación Española de Pediatría, estos son algunos de los miedos más frecuentes a lo largo de la infancia:
- Primer y segundo año: miedo a las personas desconocidas y a separarse de sus figuras de referencia. Es una señal de un vínculo sano.
- Alrededor de los 2 años: miedo a la oscuridad, que suele ir desapareciendo hacia los 8 o 9 años. También a ruidos fuertes, animales o disfraces.
- De 3 a 6 años: monstruos, seres imaginarios, quedarse solo por la noche. Su imaginación crece más rápido que su capacidad para distinguir lo real de lo imaginado. El miedo a separarse de los padres suele ir disminuyendo a partir de los 6 años.
- Edad escolar: miedos más reales: hacerse daño, el médico o el dentista, los exámenes, el colegio.
- Adolescencia: miedos relacionados con las relaciones sociales, el aspecto físico o el rendimiento.
Podéis leer más en Miedos y fobias en la infancia, de la Asociación Española de Pediatría.
Cómo ayudar a tu hijo con sus miedos
1. Tómatelo en serio
Aunque a nosotros nos parezca absurdo, para él el miedo es muy real. Frases como «no seas tonto, eso no da miedo» o «los monstruos no existen» no le ayudan: le hacen sentir que no le entendemos. Mejor: «Te da mucho miedo, ¿verdad? Estoy aquí contigo».
2. Ponle palabras
Ayúdale a contar qué le asusta y qué siente en el cuerpo. Dibujarlo, contarlo con muñecos o leer cuentos sobre el miedo ayuda mucho a los más pequeños.
3. Acércate poco a poco, sin forzar
Obligar a un niño a enfrentarse de golpe a lo que le da miedo («acaricia al perro, que no hace nada») suele aumentar el miedo. Funciona mucho mejor ir poco a poco: mirar al perro desde lejos, luego más cerca, luego con vosotros al lado. Y reconocer cada pequeño paso: «¡Hoy te has acercado un poquito más!».
4. Cuida tus propios miedos
Los niños aprenden mucho por imitación. Si nosotros nos ponemos tensos cada vez que vemos un perro, ellos aprenden que los perros son peligrosos. A veces, sin querer y por prudencia, les trasladamos nuestros propios miedos. Mostrar calma es una de las mejores formas de ayudarles.
5. Evita la sobreprotección
Querer evitarle cualquier situación que le asuste es comprensible, pero le impide comprobar que puede con ello. Acompañar no es evitar: es estar a su lado mientras lo intenta. Os contamos más en La sobreprotección lleva a los niños a la incapacidad.
6. Nunca uses el miedo para educar
«Que viene el hombre del saco», «si no te portas bien, te dejo aquí», «llamo a la policía». El miedo puede conseguir obediencia en el momento, pero genera inseguridad y daña la confianza. Os contamos alternativas en Alternativas a los castigos que funcionan.
7. Cuida lo que ve
Películas, series, vídeos e incluso noticias pueden ser muy impactantes para un niño pequeño. Elegid contenidos adecuados a su edad y ved la pantalla con ellos.
Miedos por la noche
La noche es cuando más aparecen los miedos. Una rutina tranquila antes de dormir, una luz suave, su peluche y la seguridad de que estáis cerca suelen ayudar mucho. Si se despierta llorando o asustado, os ayudará saber distinguir entre una pesadilla, un terror nocturno o una rabieta: os lo contamos en Rabietas de día y de noche y en Sueño infantil.
Cuándo consultar
La mayoría de los miedos infantiles desaparecen solos con el tiempo y un buen acompañamiento. Conviene consultar con el pediatra o con un psicólogo infantil si el miedo es muy intenso, dura mucho tiempo, no corresponde a su edad o le impide hacer su vida (ir al colegio, dormir, jugar con otros niños).
Escucha el episodio
En el podcast hablamos de los miedos de los niños y también de los nuestros. (Aquí va el reproductor del episodio, si sigue funcionando.) Tenéis todos nuestros episodios en Vamos a contar verdades, el podcast de Educar en Calma.
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