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Niños de altas capacidades, ¿cómo acompañar sus emociones?

FECHA

Fue en el año 1995 del pasado S. XX cuando Daniel Goleman nos introducía en el mundo de la inteligencia emocional. Años atrás, en 1983, Howard Gardner y sus colaboradores nos hablaban de inteligencias múltiples, lo que abría la posibilidad de tener diversas habilidades, destrezas y talentos. Sin embargo, aún en nuestros días, seguimos teniendo mucha confusión al hablar de términos como el de la alta capacidad.

Saber en qué consiste, qué comportamientos nos pueden poner en alerta y lo más importante, aprender a acompañar a estas personas desde la infancia, es fundamental para que nuestros hijos consigan desarrollarse correctamente, con una buena autoestima, sin juicios, críticas, comentarios desafortunados o etiquetas que no les corresponden.

Para darte un poco de luz sobre este tema he escrito estas líneas, para que tengas una guía, un punto de partida con el que poder empezar a informarte, ser consciente y trabajar la salud emocional de tu hijo.

¿Qué es la alta capacidad?

Para la Asociación Española de Pediatría, un niño con altas capacidades es aquel que muestra una elevada capacidad de rendimiento en las áreas intelectual, creativa y/o artística, posee capacidad de liderazgo o sobresale en áreas académicas específicas.

Y aunque siempre se ha asociado el término superdotado a un alto coeficiente intelectual -mayor de 130 para la Organización Mundial de la Salud- estas mediciones están muy anticuadas.

Por suerte, cada vez está teniendo más visibilidad y se habla más sobre este tipo de neurodiversidad en el que cada caso es único y merece ser analizado en profundidad teniendo en cuenta otros indicadores como son el desarrollo evolutivo, la creatividad, el aprendizaje y otras características propias de la alta capacidad, por lo que el coeficiente intelectual no es más que otro parámetro a tener en cuenta, pero sin llegar a ser determinante.

Gracias a esta evaluación más amplia, empezamos a ver la alta capacidad no solo como una mayor inteligencia, sino que también conlleva un mundo emocional que condiciona la vida de estas personas, su personalidad, la forma de relacionarse con el entorno y una alta sensibilidad, que gracias a la información de la que disponemos hoy en día, cada día comprendemos y acompañamos mejor.

¿Qué diferencia a los niños de altas capacidades?

Una de las principales características con las que solemos identificar a un niño de alta capacidad es una mayor inteligencia, pero las estadísticas nos muestran una realidad que a muchos padres les resulta difícil de comprender y es que:

“En torno al 70% de los niños y niñas con alta capacidad sufren de fracaso escolar”.

Esto es algo que nos puede chocar como padres y hace que aparezcan comentarios del tipo “con lo listo que era y al final no va a llegar a nada”, “menos mal que era el listillo de la familia”…

Y aquí me gustaría que todos hiciésemos un poquito de autocrítica y dejáramos de culpar a los niños de estas situaciones, porque tanto los padres como el sistema educativo somos responsables y parte activa de estas cifras que tanto nos alarman.

Porcentaje que me hace cuestionarme si realmente el fracaso escolar es culpa de esos niños con alta capacidad o quizás sea responsabilidad de un sistema educativo que no está bien planteado o de nosotros como padres, por no saber acompañar sus necesidades como esos pequeños necesitan.

Tenemos un sistema educativo que no está preparado para atender las necesidades especiales educativas, y si queremos que esto cambie, es necesario que las familias hablen, que dejen a un lado el miedo a las críticas, la culpa y los juicios, dar voz a las necesidades que tienen y luchar por esos cambios que merecen nuestros hijos.

Personalmente tengo que reconocer que me resulta difícil hablar sobre estas diferencias y etiquetar las necesidades de estos niños como “especiales” ya que siempre parto de la base de que lo mejor que podemos hacer es seguir al niño, observarlo, detectar sus necesidades y acompañarlas de la mejor manera que podamos y sepamos.

Estoy convencida de que esta es la única manera de no equivocarnos nunca, centrándonos en los niños y dejando que sean los principales protagonistas de su aprendizaje y su desarrollo.

Por este motivo las pedagogías alternativas no hablan de etiquetas, porque acompañan todo tipo de necesidades sin definirlas como especiales, partiendo de la base de que todos somos únicos y todos tenemos necesidades diferentes, válidas y merecedoras de ser acompañadas como se merecen.

3 Características cerebrales de los niños de alta capacidad

A continuación te detallo las 3 diferencias en el ámbito cerebral más relevantes de los niños con altas capacidades, porque debemos ser conscientes de que el cerebro de estos niños es distinto y en el momento que tomamos consciencia de ello, podemos empezar a comprenderlos y acompañarlos correctamente.

  1. Disincronía de edad, la diferencia entre la edad mental y la edad cronológica del niño. Cuando las familias entienden este punto comprenden muchas cosas que hasta ese momento les perturbaban. Dentro de un niño de alta capacidad conviven tres edades diferentes: la biológica, con las limitaciones propias de su edad, la mental, que normalmente es de varios años más y hace que les interesen cosas que descuadran a sus padres porque no van acordes a su edad biológica y la emocional, que podríamos decir que es la más complicada de gestionar porque estos niños conservan las explosiones emocionales que identificamos como rabietas cuanto tenían dos añitos y con seis o siete años, las pueden seguir manifestando con la misma intensidad..
  2. Pensamiento arborescente, un tipo de pensamiento que va ganando en profundidad y amplitud -como las raíces o las ramas de un árbol que se van ramificando- y en el que un pensamiento les lleva a varios, que a su vez, les vuelve a llevar a otros cada vez más profundos y hace que estos niños puedan llegar a parecer dispersos o que se quedan absortos en sus pensamientos.
  3. Alta sensibilidad. Para un niño de alta capacidad todo es mucho más intenso y emocional, pudiendo tener más sensibilidad sensorial, llegando a molestarles ciertos ruidos, texturas, luces… Características que si las familias desconocen, les pueden resultar muy difíciles de gestionar.

Estas y otras muchas que pueden aparecer y los profesionales cualificados se encargan de analizar, son las diferencias que pueden hacer que no comprendamos y nos alejemos cada vez más de nuestros hijos. 

Diferencias que, en ocasiones, por el deseo de que pertenezcan, no sufran y estén integrados en la sociedad como una “persona normal”, nos resultan muy difíciles de asumir y al detectar patrones diferentes, nos preocupamos, no aceptamos “esas rarezas”, nos comportamos de forma injusta con nuestros hijos y nos desconectamos de ellos por nuestras acciones o comentarios. 

¿Cómo podemos reconectar y acompañar a nuestro hijo?

La desconexión con nuestros hijos es algo muy común y no exclusivo de los hogares con niños de alta capacidad.

No detectar, valorar y saber acompañar las necesidades de los más pequeños, es algo que nos desconecta de los niños y de cualquier miembro de la familia.

Hablamos de la tolerancia a la frustración de nuestros hijos, de sus rabietas, de su perfeccionismo y eso me hace plantearme, ¿qué tolerancia a la frustración tenemos nosotros los adultos? ¿Somos capaces de gestionar nuestras explosiones emocionales? ¿Por qué exigimos tanto a la infancia? 

El primer paso -imprescindible- si queremos empezar a trabajar la conexión con nuestros hijos es poner el foco en nosotros, hacernos conscientes de la situación e informarnos, conocer a qué nos estamos enfrentando.

“Sin  información vivimos en la inconsciencia, y mientras vivamos en la inconsciencia, es mucho más fácil que nos desconectemos de nuestros hijos”.

Porque todo nos va a parecer raro, “me ha tocado el niño que no duerme del tirón”, “me ha tocado el niño que grita”, “me ha tocado el niño hipersensible”…

Aprender y tener información real, información de valor, trabajarla, trabajarnos a nosotras mismas y aceptar, aceptar es algo que nos cuesta mucho. Pero si no confías plenamente en tu hijo, si no lo ves como ese niño diamante que es, tienes un problema muy grande,  la desconexión irá a más porque vas a conseguir que sienta que no es válido, que no es valioso y esto, es un dardo directo a su autoestima.

Ese niño o esa niña muchas veces se va a sentir fuera de lugar, quizás le resulte difícil encontrar ese sitio al que pertenecer por ser “el raro”, necesita que tú seas casa, que tú seas ese sitio al que volver siempre que lo necesite.

Tenemos que conocer a la infancia para poder darle lo que necesita. La infancia tiene sus propios idiomas, sus propios pensamientos y sus propias diversidades. Necesitamos conocer a nuestros hijos, pasar tiempo con ellos, enseñarles, acompañarles, vivir y conseguir disfrutar con ellos.

Empieza por ti, por conocer, por conocerte, por reflexionar… Y si sientes que necesitas ayuda, pídela, unas herramientas aisladas no te van a hacer conectar con tus hijos, por ese motivo en este post no te dejo ninguna herramienta, porque es necesario comprometerse y dar un paso más.

Si quieres ampliar la información, te animo a que hagas clic en el siguiente enlace y accedas al directo que compartí con Rocío Yllas en el que profundizamos sobre todo lo que te he resumido en este post y donde también nos cuenta su experiencia personal y profesional acompañando a familias con niños de altas capacidades.

Espero que este artículo te sirva de aliento, de guía, de apoyo para seguir trabajando en eso que quieres para ti, para tus hijos y tu familia. Me encantaría conocer tu opinión, tu reflexión sobre todo esto que he compartido contigo en este post si resuena contigo. Te leo en los comentarios.

Un abrazo y gracias por estar aquí,

Photo by Edward Cisneros on Unsplash

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