Escuchar con los ojos

FECHA

Escribo estas líneas porque llevo tiempo queriendo por escrito estos «chascarrillos» que me ocurren con los peques y que tanto me hacen pensar y reflexionar. Y es que en casa, en la tranquilidad de mi hogar, es donde puedo aprender más con los que de verdad entienden de infancia: los niños.

Es cierto que muestro con tendencia comportamientos con los niños que les hagan tener presente que estoy ahí, que los escucho con atención, los atiendo con presencia y cariño, y bajo sin problema a su altura para que las miradas conecten sin distancia.

Escuchar con los ojos

Aún resuenan en mí estás palabras. Recuerdo que había estado revisando cómo se bañaban los peques después de haberse pasado la tarde jugando. Hablaban en la bañera, reían y el tiempo se nos iba echando encima. Teniendo en cuenta que al día siguiente tenían colegio, no teníamos un minuto que perder, así que acabamos con el baño, ayudamos a poner pijamas, secamos pelos y nos íbamos ya a preparar la cena.

Tocaba tortilla francesa y tenía que batir huevos. Mi hijo mayor me hablaba sin parar, me contaba cosas emocionantes que había hecho en su cole, lo que había respondido un amigo suyo, lo que él hizo después…

En ese momento, yo empecé a batir huevos y me decía «mamá», a lo que yo respondía, «sí, cariño, te escucho, solo voy batiendo los huevos».

En ese momento me contestó: «mamá, escúchame con los ojos«.

En ese instante todo paró para mí. Mi hijo no quería mis oídos, me quería entera. Necesitaba sentir mi presencia activa, mi presencia íntegra, mi atención plena.

Tenía varias opciones, desde luego. Podría haber considerado que era un egoísta que luego vendría con prisas él o sus hermanos para cenar; podría haber pensado que él en otras ocasiones no me atiende así. También podía haberme echado a reír pensando que había confundido los sentidos y que no se escucha con los ojos, se escucha con los oídos, ¡ay, estos locos bajitos!

Yo entendí el mensaje como un «te quiero entera, mamá, quiero tu atención plena» y tomé la decisión de dejar de batir huevos, agacharme a su altura y pedirle disculpas.

Sí, pedirle perdón por querer hacer varias cosas a la vez. Sabemos que la multitarea no funciona, no es lo mejor y, con niños, mucho menos. Ellos, que son expertos en la vida real, en la que de verdad importa, saben que hay que dedicarse de lleno a los que hacen.

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¿Y si no es posible?

Entiendo que hay momentos y situaciones en las que vamos tan deprisa que no tenemos tiempo de dedicarnos en cuerpo y alma a nuestros hijos. Después de haber pasado por un confinamiento tan duro como el que vivimos, todos pudimos comprobar que la organización y tener tiempos para pasar juntos era fundamental, así como mantener períodos para cuidar de nosotros mismos.

Si no puedes dedicarte a escuchar a tus hijos con presencia activa siempre, piensa en momentos en los que sí puedas dedicarles tu atención plena, alejándote de dispositivos tecnológicos, que nos restan un montón de tiempo y atención con ellos.

Tampoco sería justo que cuando nosotros hablamos o pedimos algo a los niños, si nosotros no dedicamos tiempo a ellos, pretendamos que nos dediquen toda su atención y nos hablen mirándonos a los ojos cuando lo que ellos reciben de nosotros es que andamos con móviles o pantallas de por medio, ¿no?

Y recuerda, «si juegas, juega; si cocinas, cocina, si hablas, habla; si ríes, ríe; hagas lo que hagas, lo mejor es hacerlo disfrutándolo plenamente»

Nosotros decidimos dónde ponemos el foco y nuestra actitud ante la vida. ¿Qué vas a hacer tú?

Un abrazo y gracias por estar aquí,

P.D. Si te apetece aprender sobre cómo conectar con nuestros hijos, te invito al webinar gratuito «Sin gritos ni castigos» que llevaremos a cabo el martes, 12 de enero, a las 21:30 hora Madrid. Puedes apuntarte aquí