educación respetuosa
La soledad de la educación respetuosa

FECHA

No sé si estarás comenzando ahora en esto de la educación respetuosa o si ya llevas tiempo informándote y formándote sobre cómo educar en calma. Lo que sí estoy segura es de que la mayoría de nosotros, los adultos que formamos parte de esta comunidad, no hemos crecido acompañados por modelos educativos respetuosos y es que, en general, tengo la sensación de que muchos, por no decir la gran parte de las personas que se interesan por modelos educativos alternativos para sus hijos, que se alejan del autoritarismo y del “como se ha hecho toda la vida”, no la recibimos y quizás el no recibirla hizo que de alguna manera, tuviésemos ese deseo, ilusión y ganas de encontrar una forma diferente de hacer las cosas.

Las presiones familiares nos ahogan

Es habitual encontrarnos con mucha presión por parte de familiares directos que pueden llegar a sentirse “atacados” al ser conscientes de que el estilo educativo que utilizaron con ellos en su infancia -y ellos mismos con sus hijos- quizás no es el más adecuado y reconocer que se han equivocado con esos seres por quienes tanto amor incondicional sienten y por quienes darían la vida, duele.

Por lo que se sienten en la obligación de justificar que no lo han hecho tan mal ya que “a todos nos han dado algún cachete y no nos ha pasado nada” “a todos nos han castigado y aquí estamos” “a todos nos han amenazado y no estamos tan mal”, y así podríamos seguir ampliando la lista con todas esas frases que en más de una ocasión nos han dicho al hablar sobre cómo hemos decidido educar a nuestros hijos. 

Frases que no son más que justificaciones, ya sea porque hemos recibido ese tipo de educación de nuestros padres -a quienes no podemos negar ni cuestionar ¡porque son nuestros padres!- o porque ellos mismos lo han hecho así con sus hijos y ahora viene alguien por detrás con menos experiencia a plantearles una opción diferente, que incluso ven lógica, a la que no tuvieron acceso o no quisieron ver en su momento.

Y ojo que en estas líneas no pretendo juzgar a nadie. No sería justo ni humilde por mi parte decir que mis padre lo hicieron mal, soy consciente de que hicieron lo que pudieron con las herramientas que tenían, siempre lo digo.

Pero pienso que con el nivel de consciencia que muchos de nosotros tenemos hoy en día, hay muchas herramientas que se quedan obsoletas y me hacen sentir que no soy justa con mis hijos, por lo que no puedo ni quiero utilizarlas.

Porque yo estoy educando en un proceso de humanización. Estoy acompañando a un niño pequeño, un ser único y maravilloso que viene al mundo totalmente limpio, sin creencias, límites, juicios… nada.

Un ser de luz que solo quiere absorber y aprender de todo lo que le rodea, lo estoy guiando y acompañando para transformarlo en un adulto con valores y recursos humanos, dotándolo de humanidad, pero si no tengo claro cuáles son esos valores que rigen la humanidad, es muy complicado conseguirlo.

Y esta generación tan potente de familiares directos que tenemos a nuestro alrededor lanzando mensajes de este tipo, nos ahogan, nos intimidan, nos hacen dudar, nos crean muchas inseguridades y hacen que nos replanteemos si realmente lo estamos haciendo bien.

No castigar y amenazar a los niños, no significa no hacer nada

Si quieres educar a tus hijos de una forma respetuosa serán muchos los momentos en los que te vas a encontrar muy sola y te van a cuestionar, a juzgar, a intimidar con frases del tipo “pues si no lo castigas y amenazas te va a dejar de hacer caso, a ver cómo lo controlas cuando tenga quince años”.

No, no vas a poder hacer nada para demostrar que estás en el camino correcto, no te va a merecer la pena entrar en esa lucha para ver quién lleva la razón, porque en dos o tres minutos no vas a conseguir explicar todo lo que hay detrás de este tipo de educación y, además, no hay más ciego que el que no quiere ver, por lo que no vas a conseguir cambiar esas creencias tan arraigadas.

Por todo esto, en ocasiones te vas a sentir sola, nadando a contra corriente, porque hasta que no pasen los años no podrás demostrar que el estilo educativo que tú has elegido para tus hijos basado en el respeto mutuo, la dignidad, el cariño, la confianza, los límites y las normas, la cooperación y la colaboración, funciona.

Y créeme cuando te digo que no hay nada más satisfactorio que ver los frutos de esas semillitas que hoy estás plantando. Porque no castigar, amenazar, gritar o chantajear a los niños no significa que los estés dejando a su libre albedrío.

Eso sería una negligencia, un estilo educativo de permisividad con el que les estaría causando mucho daño. No utilizar las herramientas tradicionales no significa no hacer nada y, sin embargo, aún hay mucha gente a nuestro alrededor que cuestionan si los métodos educativos respetuosos realmente van a ser útiles y te darán resultados a largo plazo, pero como ya te he comentado antes, creo que no te están cuestionando a ti, están cuestionando si la forma de educar que hicieron o tuvieron, fue la mejor.

Una soledad que merece mucho la pena

Aún a día de hoy, yo, Elisa Molina, a pesar de todos mis años de formación, mi experiencia profesional, personal con mis 5 hijos y mis libros publicados, a veces me encuentro con personas que siguen cuestionando la forma en la que estoy educando a mis propios hijos. 

Y después vendrán los “qué suerte has tenido con tus hijos” “te han salido unos niños muy buenos” “ojalá mis hijos fuesen como los tuyos”… 

Así que el mensaje que quiero transmitirte en estas lineas es de aliento, de que lo estás haciendo muy bien, estás en el camino correcto, no lo dudes, sigue nadando a contra corriente porque la maternidad y la paternidad no es fácil, educar de forma respetuosa no es sencillo, te vas a equivocar, mucho, vas a gritar, a chantajear, a amenazar… y vas a rectificar y a pedir perdón, vais a aprender y crecer juntos, de la mano, en familia y en equipo.

Gracias, valiente

Gracias por tener el coraje de replantearte las cosas, de decir y  de decirte que quieres hacerlo de otra manera, porque los niños nunca han sido adultos, pero nosotros sí hemos sido niños y si echamos la vista atrás y recordamos cómo nos sentíamos cuando nos castigaban, nos humillaban o chantajeaban, creo que no necesitamos nada más para tener la certeza de querer hacerlo de otra forma con esos grandes tesoros que tenemos entre nuestros brazos, el legado más grande que vamos a dejar en este mundo.

No te sientas sola, sé que a veces es desalentador, pero siempre que tengamos claros nuestros cimientos, esos pilares en los que nos asentamos, los valores que priman nuestra familia y que van a marcar la educación que vamos a brindar a nuestros hijos, todo va a ir bien.

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Siete semanas en las que vamos a desgranar, a profundizar sobre todo lo que significa Conectar con tus hijos, con herramientas y recursos, sí, pero vamos a ir un paso más allá, cambiando el concepto que tenemos, la forma que tenemos de educar a nuestros hijos, para realmente conectar, de cabeza a cabeza y de corazón a corazón.

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Es el momento de poder hacer bien las cosas, de cambiar la educación de tus hijos sin parches, sin herramientas que no funcionan, sentando las bases de la relación y el vínculo que quieres mantener con tus hijos, ahora, en la adolescencia y cuando sean adultos.

Un abrazo y gracias por estar aquí,

Foto de Simon Wilkes en Unsplash

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