nuestro papel en el acoso escolar
Nuestro papel en la lucha contra el acoso escolar

FECHA

Uno de los principales miedos e inquietudes de cualquier papá o mamá al pensar en la etapa escolar es que sus hijos sufran algún tipo de acoso o bullying por parte de sus compañeros. 

Bullying, una expresión cada vez más conocida y extendida en la sociedad, que por suerte, va ganando visibilidad y contra la que día a día se lucha con más fuerza, siendo conscientes de los peligros, secuelas e importancia que tiene, y con padres, profesores y centros escolares en general, formando un verdadero equipo, trabajando en sintonía para conseguir que ningún niño tenga que sufrir este tipo de violencia.

Una violencia que no es nueva ya que siempre han existido las bromas de mal gusto, las inocentadas, las novatadas… Actos que durante muchos años han sido silenciados, restándole importancia bajo frases como “son cosas de niños” o “siempre han existido y no pasa nada” ,pero que quien ha tenido que vivir, sufriendo en primera persona el miedo y la humillación, saben que sí pasa, y llevan toda la vida cargando en sus mochilas con las heridas por esas malas experiencias sufridas en sus infancia.

Así que en este artículo me gustaría reflexionar sobre el papel de los adultos en el concepto que tienen los niños sobre las bromas, el modelo que les mostramos, la influencia que tenemos sobre ellos y qué actos y prácticas (muchas veces de forma inconsciente) hacemos que interioricen como normales y acaben ejerciendo con sus iguales.

¿Sabemos realmente qué es una broma?

A todos nos gusta reír, es una emoción que se contagia y de la que nos encanta ser partícipes. ¿Quién no se ha derretido con la primera sonrisa de su bebé o al escuchar a un niño reír a carcajadas? Es el sonido más maravilloso del mundo.

Nos gusta la risa y nos gusta que nuestros hijos tengan sentido del humor, que sepan reírse de las cosas y de ellos mismos, pero existen muchas formas de reírse, algunas más sanas que otras. Por lo que, en ocasiones, los adultos se exceden con bromas de mal gusto, que enfadan a nuestros hijos, no entienden o incluso puede hacer que sientan miedo e inseguridad, en definitiva, bromas que no nos hacen reír a las dos partes.

Estoy segura que alguna vez has presenciado una escena (o quizá incluso lo hayas hecho tú sin mala intención) en la que un adulto cualquiera gasta una broma a un niño como, por ejemplo, quitarle un juguete o algo que está comiendo y decirle “ahora es mío” y encima, cuando se pone a llorar, recibe comentarios del tipo “no te enfades, solo es una broma, qué mal humor tiene este niño, no sabe compartir….” O ese adulto que coge el juguete del niño y lo levanta con el brazo, incitando al niño a que lo coja, sin éxito, por supuesto.

¿Has visto en alguna ocasión a un niño reírse y disfrutar cuando le gastan esa broma? Y es que, ¿qué pueden sentir los niños en ese momento? Casi con total seguridad, que el mundo es injusto, que no se debe fiar de los adultos, que gana el más fuerte… 

En relación a este tema me han llegado a tachar de exagerada, a decir que no es para tanto, que le busco las vueltas a todo, que estamos haciendo a los niños débiles…

Pero nada más lejos de la realidad. Estamos ante un problema muy serio, un problema que empieza en casa, en nuestro entorno, con nuestros familiares y amigos, con adultos que sin ser conscientes de ello enseñan a los niños a burlarse y ejercer poder sobre el resto. Los niños nacen con una necesidad biológica de pertenecer, contribuir, colaborar y aportar al mundo, algo que con el paso de los años, va disminuyendo, así que algo tenemos que estar haciendo mal para que ese espíritu se desvanezca poco a poco y los niños normalicen el burlarse de los demás, gastar bromas pesadas y hacer que otras personas sufran.

Tenemos un problema muy importante en la sociedad con este tipo de relaciones basadas en el poder, el acoso y derribo, las burlas a los demás que acaban desembocando en bullying, ciberacoso o el mobbing en el trabajo, y que sin darnos cuenta, empezamos a inculcar en nuestros hijos desde muy pequeñitos con acciones que nos parecen inocentes pero que siembran una semilla muy peligrosa.

El corazón de los niños no está preparado para gastar bromas pesadas ni hacer que otras personas sufran.

 

Pero la realidad es que el mundo adulto sigue insistiendo en gastar bromas sin gracia a los niños que los llevan a sufrir innecesariamente, seguimos pensando que hay cosas que por tradición son graciosas o que los niños deben aguantar porque a los demás nos hace gracia. 

Además, tras esas bromas vienen las etiquetas de “eres un llorón, un quejica, un tonto, un egoísta…” y es normal que no entiendan, que se sientan indefensos, humillados, juzgados, que piensen que el mundo es injusto y que deben hacerse más fuertes que los demás para quedar por encima y ser ellos quienes gasten ese tipo de bromas.

Creo que es importante que como padres nos pongamos serios con este tema y empecemos a marcar límites firmes, siendo amables, por supuesto, pero broma siempre es cuando nos reímos los dos, ambas partes, y es un concepto que me gustaría que integrases porque es muy clarificador y sirve de mucha ayuda para volver a nuestro centro y diferenciar, sin dudas, lo que es una broma de reírse de los demás.

El cambio siempre empieza en nosotros

Las relaciones basadas en el poder nunca son saludables. Nuestros hijos, los niños pequeños de hoy, van a ser los adolescentes del mañana y, a su vez, los adultos de pasado mañana. Vamos a intentar ser modelos de buenas conductas, con lo que hacemos y lo que no, con lo que decimos y lo que dejamos de decir…

Todo va calando en nuestros hijos, todo les va dando información de lo que pueden hacer, lo que es normal, lo que tienen que consentir, cómo se tienen que comportar, cómo tienen que gestionar las diferentes situaciones… Todo suma o todo resta, así que es importante que reflexionemos sobre qué les estamos comunicando a los niños con nuestro ejemplo.

Los niños deben tener la certeza de que todos somos merecedores de ser tratados con dignidad y respeto, que la mentira y reírte de los demás no es una opción, porque ahí comienzan las relaciones verticales. Relaciones en las que como soy más grande, tengo más fuerza y soy mayor, hago contigo lo que quiero, porque fomentamos que en cuanto los niños se ven un poquito más mayores, repiten esos mismos modelos con sus iguales.

Dejemos de hacer esas cosas que se han hecho toda la vida, el “nunca ha pasado nada” es mentira, todos tenemos traumas, heridas de nuestra infancia que siguen en nuestra memoria, en nuestro interior, y que nos han marcado de por vida. 

 

Ahora tenemos la oportunidad de librar a nuestros hijos de esa pesada carga, dejemos de hacer las cosas por tradición y empecemos a utilizar más el sentido común, la educación y toda la información que tenemos a nuestro alcance.

Sentido común, respeto, dignidad, aliento, empatía… Valores que tendrían que formar parte de nuestro día a día, de la relación con nuestros hijos, que sepan que mamá y papá son casa siempre, que pueden acudir a nosotros ante cualquier problema, preocupación o inquietud que tengan, que sin juicios, críticas ni reproches, les vamos a escuchar de forma activa, les vamos a atender, a entender y ayudar a buscar la mejor solución, estén en la posición que estén. 

Este es el único camino para hacer a nuestros hijos libres, felices y que vivamos todos unas relaciones mucho más sanas con los demás, horizontales y basadas siempre en la dignidad y el respeto mutuo.

Hasta aquí el artículo de hoy, espero que te haya servido de ayuda y te de luz en la gestión de las bromas, seguridad a la hora de diferenciar lo que está bien o mal y cómo podemos acompañar a nuestros hijos para que tengan la certeza de que mamá y papá siempre van a estar ahí para ayudarles, sin condiciones.

Si tienes alguna duda, estás viviendo una situación complicada en tu hogar que no sabes cómo gestionar o tu intuición te dice que algo no va bien, recuerda que no estás sola, estamos aquí para ayudarte siempre que lo necesites.

Contacta con nosotras, cuéntanos tu caso, eso que te inquieta y te preocupa, juntas vamos a encontrar la solución que mejor se adapte a tu situación particular, para que consigas reconectar con tus hijos y vuelva el bienestar a tu familia.

                                                                                                                                                                                                Un abrazo y gracias por estar aquí.

Foto de Morgan Basham en Unsplash

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