celos entre hermanos
El papel de mamá y papá en los celos entre hermanos

FECHA

Un tema muy recurrente, que nos preocupa y no sabemos cómo afrontar porque nos resulta difícil comprender cómo pueden sentir celos nuestros hijos si les damos todo lo que está en nuestra mano, les amamos de forma incondicional y educamos de la misma manera.

¿Qué está ocurriendo? ¿Qué se nos está escapando? ¿Qué puedo hacer para hacerle entender a mi hijo que la llegada de un bebé a casa no significa que ya no le queramos?

Hoy vamos a hablar sobre celos infantiles, qué son y cómo podemos gestionarlos para dejar de echar leña al fuego y empezar a desmontar esas creencias de nuestros hijos mientras ganan seguridad, confianza y recuperamos la conexión con ellos.

Los celos, la punta del Iceberg

En primer lugar, vamos a analizar qué es lo que hace pensar a nuestros peques que papá -y especialmente mamá- ya no están ahí de forma incondicional para ellos, que ya no son tan especiales, queridos y, como consecuencia, aparece ese miedo que les lleva a tomar malas decisiones.

Los niños y las niñas no se portan mal, se sienten mal, el paso previo a que un ser humano se comporte mal, por lo tanto, lo primero que debemos entender es que todas las conductas y comportamientos que vemos en nuestros hijos no son más que un reflejo de cómo se están sintiendo internamente.

Desde muy pequeñitos nuestros hijos son grandes observadores debido a las estructuras en desarrollo que tienen en su cuerpo como es su aparato fonoarticulatorio, que le impide hablar y comunicarse a través de su voz al no estar plenamente desarrollado, así que al no poder hablar, lo que hacen es observar y absorber todo lo que ocurre a su alrededor.

¿Cuál es el problema? Que todo lo que tienen de buenísimos observadores les falta de intérpretes debido a sus poquitas experiencias de vida y sus razonamientos son los propios de su corta edad y maduración. 

¿Y qué es lo que empiezan a ver los niños con la llegada de un hermanito? Que papá y mamá, que me querían un montón, pasaban mucho tiempo conmigo, me dedicaban todo su amor, todas sus palabras de cariño, si tenía hambre o me caía enseguida me atendían, todo el tiempo estaban presentes para mí…

Ahora el mejor tono de voz, el más cariñoso y esas miradas incondicionales de amor las dirigen un bebé chiquitito, que además no hace nada, así que ¿cómo puede ser que le presten tanta atención a ese ser cuando yo sé hacer un montón de cosas más?

El ser humano, en esencia, es mal interpretador

Como ya te he comentado antes, los niños y niñas, debido a su corta edad, son grandes observadores pero como intérpretes, dejan mucho que desear. Algo innato del ser humano porque todos interpretamos en la medida que hemos tenido diferentes situaciones y experiencias a lo largo de nuestra vida. 

Y por más que intentemos hacer bien las cosas para evitar que nuestro hijo pueda sentirse mal, nos enfrentamos a la realidad de que un bebé recién nacido está prácticamente todo el tiempo cerquita de los brazos o de la teta de mamá, siendo porteado, sostenido, abrazado… 

Algo normal, natural, en esos primeros momentos los bebés nos necesitan todo el tiempo, todo el rato, de día y de noche, una entrega constante que nuestro hijo o hija “mayor” va a ver y percibir sin entender muy bien por qué se produce esta nueva situación.

¿Qué puede llegar a pensar? Pues que mamá ya no lo quiere como antes porque quizás no ha sido lo suficientemente cariñoso, bueno, educado, amable… y por este motivo, puede que esté perdiendo el amor de esas personas de referencia que tanto quiere y que garantizan su supervivencia que son papá y mamá.

Una interpretación a raíz de unos datos reales, porque un recién nacido requiere una atención que le tenemos que dar y eso lleva a nuestro hijo “mayor” a un planteamiento que se aleja mucho de la realidad, porque lo seguimos amando de forma incondicional, pero es la realidad que ellos están interpretando.

¿Puede esto desencadenar en celos? Sí, de hecho es habitual que ocurra, y nosotros los adultos nos enfadamos, nos sentimos molestos, reaccionamos sin pensar porque lo primero que se nos viene a la mente es “vaya hijo egoísta que tengo que de repente lo único que hace es venir a pedirnos teta, pañal, chupete, que quiere dormir con nosotros, que quiere ir en brazos…

Unos pensamientos erróneos que alimentamos cuando reaccionamos y decimos que está siendo egoísta porque sin darnos cuenta, seguimos anclando esas creencias de no eres tan importante, no eres suficiente… Cuando además de su entorno recibe frases del tipo “se te ha acabado el cachondeo” “el príncipe destronado” “ya no va a ser igual que antes”….

El miedo, el catalizador de los celos

Los celos no son más que una manifestación del miedo a perder a esas personas por las que tanto amor incondicional siente nuestro hijo. De hecho, los celos en el mundo adulto también manifiestan esa inseguridad por perder a nuestra pareja. 

Si aprendemos a mirar a nuestro hijo con la compasión y empatía de que está sintiendo miedo al manifestar esas conductas de celos, que en el fondo lo que se siente es inseguro, no se siente lo suficientemente importante y tiene unas necesidades por cubrir, podremos enfrentarnos a esta situación de una forma totalmente diferente, sin intentar corregir sus conductas ni entrar en luchas de poder innecesarias.

Simplemente poniendo nombre a lo que está sintiendo, abordando el problema de una forma holística, atendiendo las necesidades de nuestro pequeño, porque debemos ser conscientes de que aunque sea más mayor que nuestro bebé recién nacido, sigue siendo muy pequeño, así vas a poder generar un ambiente diferente en casa.

“Los celos entre hermanos dicen más de nuestro papel como padres que de ellos como hermanos”.

 

La rivalidad entre hermanos es biológica, las personas dependientes necesitan sobrevivir y los seres humanos nacemos 100% dependientes. Si nuestra figura de referencia está distraída atendiendo a otro ser dependiente yo corro riesgo, por eso necesito generar cierta rivalidad, para ser visto, atendido y conseguir que mis necesidades estén cubiertas.

Por este motivo, los padres tenemos un papel fundamental en cuanto a los celos que pueden sentir nuestros hijos, porque si no soy atendido, si soy comparado o etiquetado, es normal que surjan más miedos, más inseguridades y en consecuencia, más celos.

Unos celos que pueden derivar en temas mucho más profundos que marquen la relación entre los hermanos como pueden ser peleas, no saber gestionar las emociones que nos generan nuestros hermanos y desconectarnos de nuestro hijo al no ser capaces de verlos con esa mirada compasiva y empática de que está siendo víctima de una situación que no puede controlar, le atemoriza y no sabe gestionar de otra manera.

El papel de mamá y papá marcará la diferencia

Nuestro papel como padres hará que los celos aparezcan con mayor o menor intensidad y que queden como una simple anécdota o den paso a un problema más grave y profundo.

Así que observar, observar mucho a vuestros hijos, esforzaros por ver más allá de sus comportamientos, aprender a descifrar esas señales que se esconden tras ciertas actitudes, gestos, palabras, que en ocasiones incluso pueden llegar a dañarnos y herirnos, pero antes de reaccionar es mejor parar y reflexionar sobre el verdadero significado de esa frase que te ha lanzado tu hijo y que ha ido directa a herir tu corazón.

Si detectas que tu hijo o hija pueda tener celos, hay que trabajar sobre lo que estamos viviendo, lo que están viviendo ellos, cómo lo están percibiendo… porque es mucho más importante lo que ellos perciban a lo que nosotros hagamos, que a veces son sutilezas, pero marcan la diferencia.

Y cuidado que los celos no siempre van del hijo mayor al pequeño, también pueden darse del pequeño al mayor. Debemos ser conscientes del momento actual de la familia, qué necesidades tiene cada uno y actuar siempre desde la compasión, porque en ocasiones nosotras los vemos ya más grandecitos, que se desenvuelven solos, que nos necesitan cada vez un poquito menos, pero aún así, nos siguen necesitando, quizá de otra manera, pero necesitas seguir sintiendo nuestro aliento, apoyo y cariño.

En ocasiones nos vamos a equivocar, se van a sentir comparados,  menos o más importantes, y ahí es donde debemos seguir trabajando, analizar qué tiempo les estamos dedicando a cada uno de ellos, qué actividades estamos haciendo juntos para fomentar el buen ambiente familiar y los buenos ratos compartidos.

Debemos valorar si todo lo que hacemos es suficiente para ellos, porque nosotras podemos pensar que lo estamos haciendo bien y sin embargo para ellos no ser suficiente, así que siempre debemos estar atentas y revisar qué nos están diciendo, qué están necesitando y querer estar ahí, ya implica voluntad.

No llegar a todo también está bien

Habrá momentos en los que será posible y habrá otros en los que no, habrá momentos en los que tendremos que decir lo siento, no sé hacerlo mejor, ahora mismo no tengo recursos, no sé cómo dividir el tiempo para darte el tiempo que necesitas a ti y al resto de tus hermanos…

Pero que haya voluntad, honestidad, un sin filtros con tus hijos, un soy yo, soy mamá, soy casa, puedes volver siempre que quieras y te acepto a ti cuando estás enfadado, cuando estás alegre, cuando estás disgustado, te acepto siempre, y acepto esto no como una crítica destructiva sino como una crítica constructiva para poner tus necesidades igual que yo pongo las mías en igualdad.

A veces por muy bien que queramos hacer las cosas, no llegamos a los estándares que nuestros hijos necesitan y también está bien, para que aprendan que no tienen que ser perfectos y pueden permitirse ser, al igual que tú, vulnerables, no saberlo todo y aún así disfrutar de la vida y de lo que tenemos.

Y si mamá o papá no saben o no pueden darme ahora lo que necesito, igual tengo que utilizar yo otro recurso para decir confía en ti, tú puedes, cómo se lo pueden hacer recordar ellos mismos… y nosotros también podemos utilizar otros recursos creativos como poner una nota, decir te quiero y seguir estando y conectando con nuestros hijos a pesar de las obligaciones, los años, los hermanos y las dificultades que se nos plantearán a lo largo de la vida…

A continuación te dejo el enlace a un post que escribí hace un tiempo en el que puedes encontrar una relación de cuentos maravillosos que estoy segura te van a servir de mucha ayuda a la hora de tratar la llegada de un hermanito o los celos entre hermanos.

Hasta aquí el artículo de hoy, espero que te haya nutrido, inspirado, gustado y alentado, que te lleves la certeza de que en los celos entre hermanos siempre hay cosas que podemos hacer, por ellos y por nosotros, para ser ese padre o esa madre que educa a sus hijos con consciencia, respeto, límites, pasión y vocación, pero sin olvidarnos que no somos perfectos, que no queremos serlo y que siempre se puede educar en calma.

¿Qué te ha parecido el post? ¿Tenéis problemas en casa por celos entre hermanos? Te animo a dejar tus dudas, reflexiones y experiencias en comentarios, me encantará leerte.

Un abrazo y gracias por estar aquí,

Foto de Annie Spratt en Unsplash

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