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2 Jun 2016

Síndrome del niño invisible

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A veces los niños tienen la percepción de importarles poco a sus padres. Como madre creo que esta percepción tiene poco que ver con la realidad, pues creo firmemente que todos los padres queremos a nuestros hijos por encima de todo. Sin embargo, en ocasiones, somos los propios padres los que perdemos de vista sus necesidades reales perjudicando, seriamente, su salud física, emocional y psicológica.

La incorporación de la mujer al mundo laboral ha hecho que las tareas de crianza deban ser compartidas, en algunos casos, por ambos progenitores y, en otros, además, por terceras personas que ayudan en la crianza de los niños. Hay veces que la falta de medidas de conciliación real hace que los niños pasen en el colegio, la escuela infantil o a cargo de los abuelos o cuidadores demasiadas horas, viéndose perjudicadas las relaciones entre niños y padres, pues se conocen poco. Y es ahí donde nos encontramos con niños que tienen conductas marcadas por este sentimiento de ser invisibles hacia sus padres.

Si observamos a niños menores de tres años, veremos que son bastante irritables, con tendencia al llanto desconsolado y con gran angustia hacia la separación de sus padres, lo que les provoca ansiedad y en algunos casos llegan a la desnutrición.

Si el niño tiene entre tres y seis años, vemos que tiende a aislarse del resto de niños, siendo rebelde, testarudo y desobediente. Suelen mostrar alguna dificultad motórica (ya sabemos que la psique, la emoción y la parte física están intrínsecamente relacionadas) y son niños muy observadores que tienden a abstraerse al mundo de la imaginación para sentirse arropados y queridos por esos seres imaginarios.

A partir de los seis años vemos que el asunto cada vez es más serio pues manifiesta serias dificultades para relacionarse con los demás, teniendo pánico al rechazo. Son niños que mantienen las dificultades motóricas, lo que suele traer burlas por parte de los compañeros, dificultando aún más su integración. Son niños que se muestras cabizbajos, tristes, decaídos y, por supuesto, su autoestima está muy bajita.

Estas dificultades se van a mantener hasta que llegue a la adolescencia y, de no tratarse correctamente con sus padres y con personal cualificado, nos encontraríamos con adolescentes fácilmente manipulables, que desean encontrar consuelo y apoyo siendo aceptados en algún grupo. Y es que tener el autoestima bajo durante la adolescencia puede implicar tener mayor tendencia al consumo de drogas y de alcohol para satisfacer su sentimiento de vacío y frustración de forma rápida mediante estos placeres artificiales.

La mejor forma de atajar estos problemas consiste en proporcionarles a nuestros hijos el cariño y la atención que merecen y necesitan desde el mismo momento de su nacimiento. Nuestros hijos necesitan abrazos, besos, caricias, nuestra presencia y nuestra escucha activa. Necesitan que estemos con ellos, que pasemos tiempo con ellos y juguemos con ellos. Necesitan nuestras palabras de consuelo cuando están tristes o decaídos y sentirse importantes para nosotros.

Espero que os resulte interesante la información y, por supuesto, no dudéis en compartirla con vuestros amigos y familiares.

Un abrazo y gracias por estar aquí

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