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1 Mar 2017

¿Permites que tu hijo se equivoque?

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Si hiciera una pequeña encuesta a los padres que me rodean y, les preguntara si quieren hijos perfectos, todos -o casi todos- me dirían que nada más lejos de la realidad, que no buscan hijos perfectos, sino que quieren hijos felices, hijos normales, a fin de cuentas.

Sin embargo, no es extraño encontrarme con situaciones que me hacen reflexionar sobre el marcaje al que sometemos a los niños machacando la idea del error.

El error es una oportunidad para aprender

Espero que muchos de vosotros que estáis leyendo esto tengáis esta etapa superada, pero es habitual ver como los niños se equivocan y tienen miedo a la hora de enfrentarse a nuevos retos porque tienen miedo al fracaso, y eso es debido a que en algún momento hemos marcado o le han marcado lo que está mal.

Quizá no hayamos sido nosotros, puede haber sido un cuidador, un familiar, un educador… Me da igual si ha sido en casa o en el colegio, la cosa es que vivimos en un mundo tan competitivo que, a veces, trasladamos la competitividad al mundo de los niños, a la infancia, y no permitimos que se equivoquen.

Por lo tanto, estamos perdiendo una oportunidad maravillosa de que nuestros hijos aprendan, porque lo importante no es que los niños lo hagan bien o lo haga mal, lo importante es que lo hagan, que lo intenten…

A caminar se aprende caminando y yo me pregunto: ¿cuántas veces se cayó ese niño? Sin embargo, lo siguió intentando…

Si permitimos que los niños hagan sus aprendizajes basándose en el ensayo y el error es verdad que habrá muchas veces donde se equivoque y aprenda, y habrá otras en las que acierten y no podemos (ni debemos) privar a los niños de la satisfacción de conseguir cosas por ellos mismos.

A todos nos gusta superarnos, conseguir nuestros retos y para ellos los retos son chiquititos -como ellos-, están a su nivel y, poco a poco, el nivel de vida y la exigencia hará que tengan retos más complejos.

Lo importante es que sepan enfrentarse a ellos con una actitud de querer conseguir superarse y de conseguirlo por sí mismos. No pasa nada si necesitan ayuda, pero no seamos nosotros los que tengamos dos infancias robándoles la suya.

Nuestra actitud: acompañamiento

Dependiendo de la edad de vuestros hijos vuestra actitud irá cambiando, lo sé. A veces lo único que debemos hacer es acompañarlos en silencio, pero con actitud de escucha activa, para poder sostenerlos y alentarlos cuando fracasen, y disfrutar con ellos cuando los superen y los consigan por ellos mismos.

Hasta aquí el post de hoy. Espero que os haya gustado.

Un abrazo y gracias por estar ahí,

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