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31 May 2017

Enseñar a tus hijos a pedir ayuda puede salvar tu vida

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En alguna ocasión he pensado en la posibilidad de marearme o que me pasara algo un poco más grave, estando sola con los niños. Es una situación que me asusta mucho, la verdad. 

Me asusta que no me dé tiempo a decirle al mayor que me encuentro mal y que me acerque el teléfono para marcarle. Me aterra que sufran si es un mareo inoportuno o si es algo más grave. Me preocupa que se bloqueen y no sepan qué hacer -y que de eso dependa mi vida, me quita el sueño, la verdad-. Y es que, intentando evitar que ocurra, tendemos a no hablar de ello.

Es como si quisiera protegerlos a ellos y a mi ante esa posibilidad. Es como si intentara tapar el sol con un dedo y, precisamente por eso, sé que no debo hacerlo.

Soy humana, soy mortal y puede pasarme algo. ¿Por qué no?

Cosas que necesitan saber

Así que hace unos días me armé de valor y le explique a mi hijo mayor -4 años- qué cosas debía de hacer si le pedía ayuda porque me encontrara mal o si veía que me mareaba -no le hablé de infarto cerebral, no quiero asustarlo, solo que tenga recursos-.

Le expliqué que podría pasar que me marease por el calor, por falta de algún nutriente, o por otro motivo que tendrían que ver los médicos pero que lo importante es que, si pasara, que actuara tranquilo y eficaz.

Apuntamos juntos el teléfono de emergencias -en España 112- y también los móviles de papá y mamá. Aprendimos a marcar y descolgar el teléfono de casa y el móvil bloqueado.

Cómo presentarse en la llamada

También le expliqué lo que debería de decir ante la llamada a emergencias o a su padre (o a mí, dependiendo de con quien esté):

  1. Identificarse con su nombre y edad.
  2. Explicar dónde está (en casa, en el parque, en un centro comercial, etc.) y qué está pasando
  3. No alejarse del lugar y ayudar a sus hermanos (son más pequeños)
  4. Llamar a su padre (o a mi) y explicarle qué ocurre
  5. Saber abrir la puerta por si tiene que pasar un médico o la pareja. Con niños es habitual tener la llave puesta y cerrada para evitar que, en cualquier despiste, puedan echarse a la calle, así que conviene que sepan abrir -además es una buena actividad de vida práctica y motricidad fina 😉 -.

Pegamos los teléfonos en la nevera y espero que nunca se vea en esa tesitura, pero, sinceramente, creo que, en un momento importante, enseñar a nuestros hijos a pedir ayuda puede salvar nuestra vida.

Haremos pruebas de vez en cuando y repasaremos los teléfonos. Sé que ya no es frecuente esto de memorizar os números de teléfono. Tenemos la libreta en el móvil y no solemos aprender muchos.

Sin embargo, pocas cosas veo más útiles que memorizar tres teléfonos y hacer que nuestros hijos usen su memorial y sus recursos para salir de un momento de estrés como podría darse.

No sé si habéis pensado en esta posibilidad en algún momento y, si pensando en ello, habéis hablado con vuestros hijos sobre cómo hay que actuar.

Cada vez hay más actividades de este tipo en colegios e institutos por parte del personal de emergencias. En estos talleres, que yo personalmente recomiendo que los padres también hagamos con nuestros hijos, nos enseñan a actuar de forma rápida y eficaz, a no tener miedo, a no bloquearnos. Nunca se sabe si vamos a necesitar tener a nuestros pequeños preparados para algo así.

Si queréis contarnos cuáles son vuestras pautas, igual podemos ampliar conocimientos y recursos. Aunque espero que nunca tengamos que vernos en- una situación así.

Un abrazo y gracias por estar ahí,

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