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6 Jun 2016

PAU y “calma”, ¿compatibles?

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Mañana comenzarán los exámenes de la PAU en la Comunidad de Madrid (y en otras comunidades autónomas) y quería que todos, padres y alumnos en especial, tuvierais el día de antes unos consejos para saber cómo afrontar estos exámenes, así que he buscado a un profesor de secundaria y bachillerato que cada año presenta alumnos a este examen para que sea él quién os asesore en estos menesteres. Os dejo con él y yo os deseo mucha suerte y ánimo, chicos, lo peor ya ha pasado, ahora os quedan unos días de exámenes y un largo verano para disfrutar ?

La mayoría de las Comunidades autónomas de nuestro país comienzan esta semana los temidos exámenes de la PAU –llamada hasta no hace mucho ‘Selectividad’-. Pero el temor y el nerviosismo no están presentes únicamente en los alumnos que se enfrentan a los exámenes que les encaminan hacia la Universidad; todos los que estén a su alrededor se contagiarán de manera ineludible de los citados estados anímicos.

¿Qué padres, a lo largo de los años de estudios de sus hijos, no les han tomado la lección antes de un examen o prueba de clase? ¿O quiénes no han experimentado en casa -no digo siempre, pero sí alguna vez- un clima de tensión, propio de época de exámenes finales de evaluación? ¿Y quiénes no han sentido que ese clima alteraba la armonía que unos días antes reinaba en el hogar y enturbia otros momentos ajenos al tiempo de estudio?

Lógicamente, unos padres implicados de la educación y acompañamiento de sus hijos no quieren ni deben desentenderse de esas situaciones por las que todos hemos pasado. Pero, indudablemente, según se van adquiriendo responsabilidades, uno ya no puede -¡ni debe!- solucionar cada momento difícil con el que se encuentren sus hijos.

Pero la adquisición de la responsabilidad personal no debe impedir la presencia de los padres, cercana y activa, como agentes educativos de primer orden. Efectivamente, la tarea de los padres siempre será la de apaciguar dichos nervios, transmitiendo seguridad, confianza y serenidad, y, finalmente, en caso de que algo no haya salido como se esperaba, tender la mano para levantar el desánimo… Los padres nunca deberán estudiar por el hijo –ellos no van a examinarse-. Es el hijo quien tiene que asumir esa tarea; pero siempre contando con que no estará solo. La ayuda puede venir de muchas maneras; la primera y principal será la de hacerle sentir seguridad.

El término educar procede, según el DLE, del verbo latino educare, que significa “dirigir, encaminar”; pero hay una etimología anterior que nos lleva hasta el verbo latino educere, que significa “hacer salir, sacar de”. Aunque este significado nos podría llevar a una reflexión mucho más profunda de lo que significa educar y de cuál sería, por tanto, la tarea del educador, quiero citarlo aquí solamente con la intención de ayudar a entender cuáles pueden ser las acciones que se pueden llevar a cabo con los hijos que van a afrontar durante estos días los exámenes de Selectividad –extiéndase a cualquier otra situación similar, tal como exámenes de carrera, oposiciones, etc.-. Todas van encaminadas, no a solucionar en tres días algo imposible como es adquirir todo el conocimiento de manera precipitada, sino a sacar de ellos lo que previamente ya conocen.

1. Transmite a tu hijo seguridad en sí mismo. La mente humana es capaz de recordar muchos más conceptos de los que imaginamos. Un trabajo bien realizado a lo largo del curso deja sobrados conocimientos como para afrontar con éxito los exámenes. La preparación remota ya está realizada y, si va a examinarse de la PAU, es porque previamente ha superado el curso de 2º de Bachillerato y, por lo tanto, ya ha adquirido los contenidos de los que va a ser examinado.

2. Que demuestre que sabe poner en práctica lo aprendido. Nada más. Aunque algunos exámenes tienen un corte memorístico, otros están dirigidos a las competencias adquiridas. Es decir, no deberán demostrar que conocen muchos datos, sino que saben armonizarlos y relacionarlos. Seguro que en clase han practicado muchísimas veces este formato de exámenes. El examen del próxima día será uno modelo más.

3. Ayudar en casa a organizar la preparación inmediata al examen. Fuera televisión, música o elementos que impidan que nuestro hijo se concentre en lo importante. Que el resto de la familia colabore con pequeños gestos, hará que el hijo que se va a examinar sienta que todos le están apoyando. Evitar para esos días visitas programadas de familiares o amigos; se les puede explicar y seguro que lo entenderán –solo son tres días-.

4. Aconsejarle que descanse las horas suficientes. Al día siguiente estará mucho más despejado. Recordad: los conocimientos que no se hayan adquirido durante el curso, no se aprenderán el día de antes a las doce de la noche.

5. Sal a dar un paseo con tu hijo/a. Que te cuente lo que desee sobre los exámenes del día siguiente. Si no, hablad de cualquier otro tema; le ayudará a desconectar.

6. Finalmente, recuérdale –sin agobiar- lo que debe llevar a los exámenes: DNI, varios bolígrafos (si uno no pinta, hay un repuesto; ¡y que no sea rojo!), calculadora, diccionario (lenguas clásicas), reglas, etc. Tu tranquilidad en el repaso de estos materiales le ayudará a organizar todo.

Y, si después de los exámenes, los resultados no son los deseados, lo último que necesita una persona que no ha tenido éxito en algo es a otra que se le reproche. Habrá que buscar junto a él el modo de salir adelante. ¿Quién, aún adulto, no ha tenido que rehacer un camino equivocado?

¿Te animas a contarnos tu experiencia?

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