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29 Mar 2017

Educar a largo plazo

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Son muchos los padres y educadores que os ponéis en contacto a través del mail (podéis escribir siempre que lo necesitéis y prometo retomar la sección #UnCasoReal en cuanto pueda) para que intente asesoraros sobre algunas dificultades o retos a los que os enfrentáis y que no sabéis como gestionar.

Es cierto que no todas las problemáticas son iguales ya que las edades determinan siempre a qué tipo de reto nos enfrentaremos.

Evidentemente, no es lo mismo el reto que nos propone un niño con 4 años, que uno de 10 y otro de 15.

Pero sí que es verdad que, desde el momento en el que comenzamos con nuestra tarea educativa, podemos centrarnos en varias metas a largo plazo para no sentir la frustración de educar y no ver resultados rápidamente.

Marcando objetivos

A veces olvidamos los objetivos o las metas que queremos alcanzar y es entonces cuando dudamos o no sabemos si nuestra tarea educativa está siendo la mejor de las posibles. Todos dudamos. Yo también.

Por eso creo que es importantísimo tener una lista de objetivos que queremos alcanzar con nuestros hijos o alumnos.

Para hacer esta lista, lo mejor es cerrar los ojos e imaginar que llamar a nuestra puerta. Cuando abrimos encontramos a un joven de unos 25 años. Es nuestro hijo. ¿Cómo te gustaría que fuera?

A partir de ahí puedes hacer una lista con cómo te gustaría que fueran tus hijos. Los retos diarios son oportunidades maravillosas para conseguir llegar a esa meta.

Pero mi hijo ahora me plantea otras cosas

Sí, lo sé. Tenga la edad que tenga, tu hijo ahora está necesitando que lo guíes para poder adaptarse al mundo y la sociedad que lo rodea. Necesita saber cómo debe comportarse para ser eficaz y participar activamente con la sociedad a la que pertenece.

Tu tarea ahora, ya seas padre o profesor, no consiste solo en corregir, sino también en enseñar cómo se hacen las cosas, así que recuerda que los chicos/as necesitan tiempo y que nosotros también lo hagamos con ellos.

Nuestros hijos, sobre todo, no nos escuchan todo el tiempo, pero sí que nos observan. Así que no deberíamos decirles cosas para hacer o no hacer sin nuestro ejemplo.

Por ejemplo, si nos gustaría que nuestros hijos bebieran agua, comieran fruta o verdura, deberíamos empezar dando ejemplo y tomando como snack a media mañana una pieza de fruta. Si a ellos les damos fruta y nos ven tomando un bocata, lo normal es que quieran lo que nosotros comemos, independientemente de que sea más saludable o menos.

Constancia y amor

Así que, si nuestro deseo es que nuestros hijos sean adultos honestos, honrados, trabajadores, buenas personas, risueños, bondadosos, justos… (poned aquí el adjetivo que deseéis), tenemos que empezar a modelar con nuestro ejemplo, guiar a nuestros hijos y acompañarles en su crecimiento y desarrollo de la personalidad.

Poco a poco iréis viendo cómo se comportan con otras personas, cómo juegan (en el juego se ven muchas cosas que tienen interiorizadas) y cómo se van convirtiendo en personas con juicio crítico.

El mejor consejo que os puedo dar es que valoréis los errores -tanto los suyos como los nuestros- como oportunidades de aprendizaje (de valores, de comportamiento, de manejo de actividades, …), que seáis constantes y que lo acompañéis todo de grandes dosis de amor -y humor, que no falte, que es muy necesario-.

Hasta aquí el artículo de hoy. Espero que os sirva y ahora os invito a reflexionar y a dejar vuestro comentario.

Un abrazo y gracias por estar ahí,

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